sábado, 2 de julio de 2011
Su majestad
Cuan hermosa eres amada mía
Cuan hermosa eres!
Tu ojos son como palomas
Cuanto me ama,
oh gran rey. Me ama hasta el infinito. Su majestad, ha usted puesto todas las
cosas para mí para hacerme sonreír. Soy su princesa. Soy su respirar. Ha
diseñado, oh gran rey, mundos fascinantes, para mí. Un lugar para cada cosa y
cada en su lugar. Encerrando con puertas el mar cuando se derramaba
saliéndose de su seno, mandado a
la mañana, y enseñando al alba su lugar; para que ocupe los confines de la
tierra. Partiendo conducto al turbión, y dibujando el camino de truenos y relámpagos, engendrando las gotas del rocío,
atando los lazos de las Pléyades y desatando las ligaduras de Orión.
Poniendo sabiduría en el corazón, y dando al espíritu inteligencia. Cazando la
presa para el león, saciando el hambre de los leoncillos, alimentando a las
aves del cielo. Maravillosas obras, oh Majestad. Y cuánto trabajo le habrá
acaso costado tejerme en lo profundo de la tierra, mandando para mí la
vida. 30 mil millones de neuronas con 100.000.000.000.000 conexiones cada
una, 25 millones de glóbulos sanguíneos, pares de
cromosomas, billones de células, un camino del sonido y una perfecta
cámara fotográfica, entre otros prodigios. Hoy respira, habla, inspira,
clama. Y más allá de eso, oh Rey, sepa usted, ha provisto sombra, para los días
de calor, cuando se carcomen el derecho y la verdad. Cuando el sufrimiento
atenta la tranquilidad. Una larga lista podría yo escribir, pero no pretendo
cansarlo. Finalmente, entonces, para poner punto final a esta masiva, déjeme
mencionar la gratitud que siente mi espíritu por sus bondades y su bálsamo, el
que envió el verano pasado. Bálsamo para profundas heridas, desenredando nudos
y tiñendo de colores arcoiris recuerdos traumáticos. Recuerde ahora usted todo
lo que debo. Pero recuérdelo sólo por un instante y perdone mi deuda una vez
más. Desde el día que me adoptó, debiendo yo ser esclava me entronó, mi vida en
el palacio es toda una aventura. Prometo escribirle con más persistencia.
Historias varias tengo, para a usted enseñar. Y sepa bien, que la seguridad de
su amor, su abrazo, las melodías que canta a mi corazón y sus ojos de sol son
el germen, el misterio, el origen de todos mis poemas.
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Etiquetas: letras, minificciones, vivencias
domingo, 26 de junio de 2011
Común
Nada puedo esconder
Que no soy nada sin ti
--
Todo lo sabes de mí
Que cuando me miras
Nada puedo ocultar
Tatiana, sí, por más difícil de creer que resulta, era humana, demasiado humana, también. Para la cara ingenua de la vida, había sin duda aprendido a esconder su humanidad en la soledad de cuatro paredes. Este rostro colectivo anoréxico (la vida) estaba increíblemente necesitado de un modelo de integridad, se había acostumbrado a esperar de Tati solamente buenos resultados. El ambicioso y utópico rostro, clamaba por la manifestación de una vida recta y sin tacha como la de Tati, más aún en una era en la cual los tabués de los viejos tiempos, principalmente la sexualidad, promiscuidad y homosexualismo habían sido reemplazados por un nuevo tabú: “Vivir en base a principios morales”.
Pasados diez meses del debut de Tati, en escena, su primera obra de teatro luego de muchos años, se asombró el sediento rostro colectivo al asimilar que Tati lloraba, no sólo de emoción, no solo por compasión. Lloraba frente al público y cuatro veces al mes por detrás de los bastidores. Detrás de los bastidores por insignificantes pequeñeces, esperando aliviar los neurotransmisores que causan la angustia. Cuando se daba al llanto en escena, se hacía uno con el personaje, no pudiendo controlar sus lágrimas en frente de su audiencia, que la aclamaba. La audiencia la amaba, la aplaudía. Podía compenetrarse con su rol de vida entre telones. Pese a su talento, la bandida era increíblemente despistada y olvidaba con constancia detalles del manejo de espacio sobre la plataforma, abriendo paso a la improvisación, que requería su total concentración. Gran decepción para el ingenuo rostro sediento de la vida, Tati aún se olvidaba el guión, aún cometía horrores actorales, aún tenía sus buenos días y sus muy malos.
El rostro, por su parte, llevaba sus prejuicios y sus inconscientes expectativas lo dejaban perfumando de un vehemente anhelo que los alcoholes, y noches de soltero apenas podían colmar. El rostro realista de la vida aceptó, al menos, que a pesar de que en sus días muy buenos Tatiana quería transformar al mundo desde la plataforma, hacer sentir el carente sentido de su arte o al menos dar vida a sus espectadores con alguno de sus roles teatrales, entregándose a la actuación de manera abierta y espontánea, fuera de escena su vida iba al rito de una onda sinosoidal. Cuando se aseguraba de tener su vida y prioridades en orden y de vivir con visión, procurando explotar su potencial, planeando un sinfín de tareas, actividades y compromisos de pronto podía apenas sobrevivir. Y entonces era incapaz de servir, apoderándose el desorden de su mente y habitación. Haciendo la melancolía que brotaba de sus obras teatrales contagio en sus asuntos cotidianos. Se hallaba lejos de actuar amable, bondadosa y confiablemente, entorpecía sus pasos y dichos y carecía de entendimiento.
En esa ocasión había acabado de ordenar su vestuario y empacar la utilería, taqueando la mochilla con sus enseres. Se la vio saliendo de prisa del teatro, de trote por Corrientes. Luego de su secuestro y desaparición, la busca el rostro de la vida, apenas se lo traga, pero Tatiana ya no está.
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Etiquetas: minificciones, vivencias
lunes, 6 de junio de 2011
Noblito
Varón que ha dibujado el tiempo
Sé que te sientes cansado,
Sé que en silencio gritan tus labios:
¡Dónde se han ido los años!
Por las laderas sopla el viento,
difícil no estar asustado
Y con el bullicio de la ciudad,
cuanta frustración amenaza despojar,
los frutos que de tu nobleza habrás de cosechar
Parecen no estar a la vista
los resultados de tus sosegados consejos sabios
de tus pasos esforzados
del amor que has demostrado
Sin ahondar en lo profundo
puedes ver la riqueza de aquellos del mundo
en una era de desafíos cargada
con ambición que no les sirve de nada
porque sus hijos viven desconcertados
en alcoholes y drogas refugiados
El cariño y dulzura que han dibujado tus acciones
no podrá despintar jamás el devorador,
lo sabemos, todo se trata de amor,
lección de vida que has de lejos aprobado.
Echando fuera mi temor con tus brazos,
en momentos de enfermedad.
Susurrando palabras tímidas,
pocas pero significativas,
que han secado mil lágrimas.
¿Que sería la hijita del “noblito”?
Ninguna más que otra que imite noblemente sus virtudes.
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Etiquetas: vivencias
sábado, 28 de mayo de 2011
Cuentos de hadas
Se despertó consternada, recordando los días en los que contaba sus lágrimas, en aquel hogar. Sola, abandonada. Su madre y su padre la habían dejado, y tenía que pelear con las otras para tener un poco de atención. Sus estrategias eran varias. Enfermar. Hacerse a la enferma, maquillándose con restos de pinturas que robaba. Aquel día escribió en su diario:
“Soñé un sueño, un caluroso sueño, vi a papá. Soñé cuatro años de mi vida que pasaron como película por mis ojos. Soñé que Papá era trabajador, fiel, sincero nomás, y nada hablador. El controlaba su lengua y además todo su cuerpo, no golpeaba a nadies, no así como en el hogar. Soñé, pero el sueño era muy real. Papá era de esos tipos que saben pensar, así profesionales, que saben bien las cosas, las buenas y las malas, y tenía, ay, eso pues, como se dice… sabiduría! Y en mi sueño él me enseñaba cosas de la vida, me ayudaaba en mis estudios. Me hablaba además para poner mis pies en la tierra cuando quería soñar un poco de una palabra me mostraba la realidad. Papá, en el sueño, era responsable, y daba plata a mi mamá para que maneje la casa. El era sencillo, y era feliz sin muchas cosas ni mucha plata. Lo hacía feliz vivir en familia, conmigo, con su hija. Papá amaba a su familia, a mí y había tenido yo un hermano más en mi sueño. Yaaa. Su familia era su razón de vivir. Papá cuidaba su familia. Papá amaba a su esposa. Y la ayudaba a secar platos, a cocinar, así bien raro. Uta y mamá…mamá muy tierna, bonita y cariñosa. Y bien responsable como ese papá. Era dulce, de esas mamás que no pueden dejar de cuidar a sus hijos y a su esposo. Los alimentaba, los llevaba al médico, y compraba riiiica comida. Ella también me ayudaba en mis estudios. Y no era de esas que sueñan con ser mujeres de negocios ni nada de eso, ella era feliz siendo una buena amiga, deportista, porque bailaba de vez en cuando, animadora, la que dirigía la casa tenía todo el hogar, ¡ay que linda palabra! en orden. Era una buena mamá. Humilde, porque escuchaba cuando yo la reñía así despacito y si tenía razón reconocía que había hecho mal. Mamá también hacía algo bonito. Rezaba por su familia, aunque ella le llamaba orar, decía que rezar no era igual que orar. Pero yo no entendía nada. Y creo que ese su Dios al que oraba la hacía feliz, porque no renegaba como reniegan las mamás. Mamá manejaba la plata que le daba papá. Compraba ropa, comida y manjares para la casa Preparaba el desayuno todos los días para sus hijos, para mí también. Ella luchaba creo que porque su Dios le daba fuerza, pero siempre que veía que las cosas no salían bien ella no se quedaba con las manos cruzadas.”
Desde entonces todos los días lo leía, hasta tal punto que llegó a memorizarse lo que había escrito en el diario. “por si se pierde, por si se pierde” decía.
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Etiquetas: minificciones
martes, 24 de mayo de 2011
Try perfect? No more
Al fin, hace un par de
días, se me iluminó el foquito, pude ver la silueta del que me hacía la vida a
cuadritos, no infeliz pero afanada. Cargas fatídicas de afán. Perfeccionismo: 435,000 resultados en 0.05 segundos. Me consuela saber, como
es evidente, no soy la única del planeta y ¿quién
podría serlo en cualquier sencillo aspecto, con la sobreproblación
mundial? Cuando entre hojas recicladas hago el recuento de lo que dejé de
lado por causa de este bicho y las comparo con los “buenos resultados”
obtenidos comprendo el porqué de la merma de valiosos instantes, pasados. Ese
mar oscuro que absorbe y reabsorbe a inocentes víctimas probablemente de baja
estima fue mi habitación por muchos años, e incluso en estos días me atrapa de
vez en cuando. Se torna difícil descifrar la línea exacta entre la excelencia y
el perfeccionismo. Pero ya lo conozco, o al menos conozco su silueta y su
sabor. He aprendido que no es natural, no es sano y si bien trae buenos frutos
en el corto plazo, en el largo no necesariamente. ¿Existen acaso casos en los que es imprescindible ser
perfeccionistas empedernidos? No sé exactamente de quién es la siguiente frase
pero me causa gracia, justifica al observador adicto a la perfección: ¿Por qué voy a
hacerlo mal si puedo hacerlo bien? ¿Por qué voy a hacerlo bien si puedo hacerlo
muy bien? ¿Por qué voy a hacerlo muy bien si puedo hacerlo grandioso?
Sin
embargo cuando a una se la ha entrenado y perfectamente perfeccionado en esta
carrera del perfeccionismo no resulta muy fácil salir del pantano y las aguas
estas. Bad habits die hard! En especial cuando se siente su dulce
sabor adictivo. Cuantos instantes de compartir amistades, entretenerme con la televisión y películas, ¡leer libros (que edifiquen, dicho sea)! hacer deporte
constantemente me ha robado mi manía. Pues auque tengo manos y pies, piernas y mucha energía para
gastar! el perfeccionismo no me había dejado tiempo para ello. Sudar.
Llevar a escena unas obras de teatro. Monólogos. De esa forma es que renuncio a la carrera tortuosa
de hacer las cosas lo mejor posible para obtener a cambio algo más que un producto excelente (amor, respeto y aprecio externo y propio). No que no sea madura, ni trabaje responsablemente, si no que acepte
mi humanidad, que me gusten mis imperfecciones. Voy en camino, y ahora con 30
kilos menos de estrés!
Publicado por Beatrice en 12:07 0 comentarios
martes, 15 de marzo de 2011
Lever les yeux
Este es uno de esos posts en los que debo confesar qué es lo que realmente me sostiene. Mostrarme desnuda. Es de esos en los que pretendo mostrar mi escritura pulcra, salida de la más inocente intensión de mi corazón, sincerando mis vivencias para los que disfrutan leerme, o al menos lo hacen. Eventualmente. Continuamente. Obsesivamente.
Con todo el estrés que implica este tiempo de trabajo y estudio a tiempo completo en mi vida -por primera vez en mi existencia de relajada estudiante sin más responsabilidad- una de las cosas que más amo es disfrutar mi “tiempo libre” junto a mi amado: estando en su presencia, meditando acerca de mi pasado, presente y futuro… en la paz de su presencia, alzando los ojos tan lejos como pueda ver. Descansando en el conocimiento de tanta fidelidad. Y es que desde que me volví "religiosa" como el común denominador lo llama, no puedo negar cuanto ha cambiado mi forma de concebir el mundo y por lo tanto de enfrentarlo, manejarlo y manejarme en él. Y es que Él me alienta a no dejar fuera de mi panorama las promesas que están en la senda que juntos caminamos. Es así, que convencida de que él confía en mí, voy andando. Sabiendo lo que es real, sin querer volver atrás y sabiendo exactamente a dónde dirigirme, voy andando. Cansada, a veces, voy andando. En sus brazos, generalmente, voy andando. Camino gracias a su voz, es la cuerda que impulsa mis pasos. Sí, por más incierto que parezca, puedo afirmar que oí su voz. Su dulce voz me dijo ¡levántate! Sus palabras describieron lo que tiene preparado para mí: vida y vida en abundancia. Como dice el best sellers de todos los tiempos, adornado con tanta riqueza de desarrollo humanista, historias apasionantemente mágicas, protagonistas de la historia. Todos los días me susurra al oído palabras de ánimo, a pesar del desánimo que de pronto amenaza atrapar mi caminar. Entonces, casi instantáneamente recuerdo cuando vivía a la orilla de sus aguas ignorando la profundidad, de su amor, de su compañía, de su consejo. Cuantas victorias, de su mano. ¡Qué recuerdos! ¡Qué vivencias! Definitivamente es inevitable alzar los ojos al cielo agradeciendo alegremente lo que me da. Ese es mi gran secreto. Mi fuerza es mi credo en algo que concibo real. Quién podría contarle a psicología, convencer a la filosofía del poder que Él tiene en mi diario caminar. Quien tratar con la ciencia sus asuntos y traducirle tanto milagro.Yo misma me he visto desafiando grandes diálogos con estos gigantes enfrentando mis certezas sin hallar fuente mejor de vida, de coherencia y de poder. Y aunque quiera reconstruir mis convicciones, ¡qué se le va hacer a esta terca silueta!
Con todo el estrés que implica este tiempo de trabajo y estudio a tiempo completo en mi vida -por primera vez en mi existencia de relajada estudiante sin más responsabilidad- una de las cosas que más amo es disfrutar mi “tiempo libre” junto a mi amado: estando en su presencia, meditando acerca de mi pasado, presente y futuro… en la paz de su presencia, alzando los ojos tan lejos como pueda ver. Descansando en el conocimiento de tanta fidelidad. Y es que desde que me volví "religiosa" como el común denominador lo llama, no puedo negar cuanto ha cambiado mi forma de concebir el mundo y por lo tanto de enfrentarlo, manejarlo y manejarme en él. Y es que Él me alienta a no dejar fuera de mi panorama las promesas que están en la senda que juntos caminamos. Es así, que convencida de que él confía en mí, voy andando. Sabiendo lo que es real, sin querer volver atrás y sabiendo exactamente a dónde dirigirme, voy andando. Cansada, a veces, voy andando. En sus brazos, generalmente, voy andando. Camino gracias a su voz, es la cuerda que impulsa mis pasos. Sí, por más incierto que parezca, puedo afirmar que oí su voz. Su dulce voz me dijo ¡levántate! Sus palabras describieron lo que tiene preparado para mí: vida y vida en abundancia. Como dice el best sellers de todos los tiempos, adornado con tanta riqueza de desarrollo humanista, historias apasionantemente mágicas, protagonistas de la historia. Todos los días me susurra al oído palabras de ánimo, a pesar del desánimo que de pronto amenaza atrapar mi caminar. Entonces, casi instantáneamente recuerdo cuando vivía a la orilla de sus aguas ignorando la profundidad, de su amor, de su compañía, de su consejo. Cuantas victorias, de su mano. ¡Qué recuerdos! ¡Qué vivencias! Definitivamente es inevitable alzar los ojos al cielo agradeciendo alegremente lo que me da. Ese es mi gran secreto. Mi fuerza es mi credo en algo que concibo real. Quién podría contarle a psicología, convencer a la filosofía del poder que Él tiene en mi diario caminar. Quien tratar con la ciencia sus asuntos y traducirle tanto milagro.Yo misma me he visto desafiando grandes diálogos con estos gigantes enfrentando mis certezas sin hallar fuente mejor de vida, de coherencia y de poder. Y aunque quiera reconstruir mis convicciones, ¡qué se le va hacer a esta terca silueta!
Publicado por Beatrice en 9:57 0 comentarios
Etiquetas: sobrevivir
lunes, 14 de marzo de 2011
Cajita de recuerdos
Fernando no puede evitar espiarla por el hoyo de su habitación.
En el afán de ordenar su armario y de arreglar algunos asuntos pendientes, Diana se encuentra con su cajita de recuerdos, una caja de zapatos carcomida por los dientes de los roedores que juntamente con ella habitan en su popular estancia de la calle 60. Llena de polvo la cajita apenas deja observar una postal que, a modo de adorno, lleva pintado el Illimani de Arturo Borda. La abre algo emocionada, pero se niega a admitirlo.
Ella se encuentra expuesta ante los ojos de él. Sí, puede observarla perfectamente desde el otro lado de la cerradura del cuartito que ella alquila. Fernando lleva practicando la costumbre de espiar a Diana por casi seis meses. Ha adquirido el hábito de observarla mientras duerme, cuando come, mientras llora y cuando tatarea frente al espejo sus a melódicas cumbias. Diana es aún una niña, tímida y pálida a pesar de su tez morena. Sonríe, sinceramente, esta vez en un intento no planificado de burlar la amargura que desde hace algunos años ha hecho sitio en su corazón. Ya tiene veintisiete.
Aquella niña que precozmente tuvo que cambiar las muñecas por los trabajos de hogar con la huida repentina de su padre puede con dificultad ocultar su emoción al abrir ese extraño rincón en el que lleva escondida más de la mitad de su vida. ¡Su cajita de recuerdos! Pero a pesar de su contención, Fernando, que tan bien la conoce, puede sentir la emoción propagada desde su ser.
En la superficie de la caja sobresalen unas cartas; acaso solo indicios de que Diana alguna vez tuvo una niñez común. Innumerables cartas sobresalen. Una de Eliana, su primera amiga de infancia, la que había cambiado a Diana por Lima, la Ciudad de los Reyes, al trasladarse allí con toda su familia. Cartas de Tatiana, de Paola, de Janet, de Selene. Diana sonríe levemente y lanza una carcajada al leer los mensajes contenidos en las misivas. En seguida, prosigue, rebuscando en el cajón. Monedas, de Dinamarca, de su antigua colección. Ante sus ojos, tan solo latas sin valor. Páginas de su primer diario. Naaada con verdadero sentido en su corazón. Con desprecio Diana continua husmeando. En algún lugar tiene que estar aquello que busca con insistencia. Entonces se encuentra con postales de su primera comunión y fotos de la virgen y del arcángel Miguel.
-Pero ¡Dónde te has metido! – grita Diana con voz grave, perdiendo casi la paciencia.
Sin lograr hallar más que tapas de las primeras chelas que había tomado en el mirador con la Manu, repite.
–¡No es posible!-
De todo un poco en aquella cajita de recuerdos. Un par de osos de peluche. Restos de su colección de metafísica del conde Saint German, su biblia de los chakras. Sin embargo, nada capaz de darle visión real respecto a su andar.
-¡Ahí! Parece que por ahi. -¿Lentes de Barbie?, Nooo... más enseñanzas. Ashh. Acaso no estaba por… ¡aja!, al fin. Te estaba buscando-
Entonces, y en silencio Diana toma el revólver súbitamente. Debe, con seguridad, seguir cargado. La última vez que lo escondió se aseguro de que estuviera listo para esta ocasión. Sin pensarlo dos veces dispara.
-Pero ¡Dónde te has metido! – grita Diana con voz grave, perdiendo casi la paciencia.
Sin lograr hallar más que tapas de las primeras chelas que había tomado en el mirador con la Manu, repite.
–¡No es posible!-
De todo un poco en aquella cajita de recuerdos. Un par de osos de peluche. Restos de su colección de metafísica del conde Saint German, su biblia de los chakras. Sin embargo, nada capaz de darle visión real respecto a su andar.
-¡Ahí! Parece que por ahi. -¿Lentes de Barbie?, Nooo... más enseñanzas. Ashh. Acaso no estaba por… ¡aja!, al fin. Te estaba buscando-
Entonces, y en silencio Diana toma el revólver súbitamente. Debe, con seguridad, seguir cargado. La última vez que lo escondió se aseguro de que estuviera listo para esta ocasión. Sin pensarlo dos veces dispara.
Fernando se abalanza sobre la puerta y luego de abrirla tropieza. Cae y despierta. Está en su habitación, pero ¿acaso no estaba espiando a Diana? No entiende nada. Se dirige a la habitación de Diana en la cual creía haber estado tan solo un par de segundos antes, la puerta está cerrada. Se abalanza sobre la puerta y luego de abrirla corre a los brazos de Diana. Diana duerme, intacta, perdida en un profundo sueño. Fernando la abraza como nunca antes. Diana abre los ojos
– Diana, mírame, debes enfrentar la cajita de recuerdos, no huirás, no huirás – le dice con voz penetrante.
Sin poder ya contener el llanto Diana llora intensamente. Finalmente y aliviada, lo mira a los ojos y sonríe.
– Diana, mírame, debes enfrentar la cajita de recuerdos, no huirás, no huirás – le dice con voz penetrante.
Sin poder ya contener el llanto Diana llora intensamente. Finalmente y aliviada, lo mira a los ojos y sonríe.
Publicado por Beatrice en 21:02 0 comentarios
Etiquetas: minificciones
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