Bendice alma mía
Rinde a su nombre adoración
Y no olvides sus beneficios
Bendice alma mía
Es cursi, me avergüenza hablarle con tanta ingenuidad, su majestad, pero
no puedo negar su mano. Su abrazo fuerte. Que todas las cosas nos ayudan a bien
para aquellos que lo amamos. Que solo veo al pasado y me asombra entender como
ha hecho realidad cada uno de los deseos de mi corazón, uno por uno. He sufrido
a sus pies, tantas veces derramando lágrimas, por obedecer sus arduos mandatos, el
dolor de obedecer si ver resultados inmediatos. De dónde ha venido, alteza, ahora me sorprende su
amor, las alegrías que me ha dado, de las que llena mi vida, me hacen sentir
la princesa de un cuento de hadas que no termina aún, maravillas las suyas, maravillas son. Como no
darle mi vida entera. Su gran amor ha cambiado mi vida, su libertad me ha
dado alas para volar sin descansar. Bienaventurados los que esperan en usted,
levantarán alas como las águilas, correrán y no se cansaran, caminarán y no se
fatigarán, ahora entiendo. El poder de su amor, no consiste en que lo haya
necesitado, frágil, si no en que usted me amó primero, que ha hecho lo vil, lo necio,
lo cruel del mundo, lo que no es para que sea. Que se ha glorificado en mi debilidad. Sonría, porque si antes vivía
por usted, mi destino estará en sus manos. Quiero obedecerle más, vivir en su
presencia. Cuanta gracia en la adversidad, cuanto cariño en la tempestad. Dulces sueños, majestad.

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