Lo que siento, lo que pienso, lo que sueño, lo que odio, lo otro, lo mío, lo nuestro. Bienvenidos todos los paceños, bolivianos, bloggeros y visitantes de este blog.

Mostrando entradas con la etiqueta letras. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta letras. Mostrar todas las entradas

sábado, 2 de julio de 2011

Su majestad




Cuan hermosa eres amada mía
Cuan hermosa eres!
Tu ojos son como palomas


Cuanto me ama, oh gran rey. Me ama hasta el infinito. Su majestad, ha usted puesto todas las cosas para mí para hacerme sonreír. Soy su princesa. Soy su respirar. Ha diseñado, oh gran rey, mundos fascinantes, para mí. Un lugar para cada cosa y cada en su lugar. Encerrando con puertas el mar cuando se derramaba saliéndose de su seno, mandado a la mañana, y enseñando al alba su lugar; para que ocupe los confines de la tierra. Partiendo conducto al turbión, y dibujando el camino de truenos y relámpagos, engendrando las gotas del rocío, atando los lazos de las Pléyades y desatando las ligaduras de Orión. Poniendo sabiduría en el corazón, y dando al espíritu inteligencia. Cazando la presa para el león, saciando el hambre de los leoncillos, alimentando a las aves del cielo. Maravillosas obras, oh Majestad. Y cuánto trabajo le habrá acaso costado tejerme en lo profundo de la tierra,  mandando para mí la vida.  30 mil millones de neuronas con 100.000.000.000.000 conexiones cada una, 25 millones de glóbulos sanguíneos, pares de cromosomas, billones de células, un camino del sonido y una perfecta cámara fotográfica, entre otros prodigios. Hoy respira, habla, inspira, clama. Y más allá de eso, oh Rey, sepa usted, ha provisto sombra, para los días de calor, cuando se carcomen el derecho y la verdad. Cuando el sufrimiento atenta la tranquilidad. Una larga lista podría yo escribir, pero no pretendo cansarlo. Finalmente, entonces, para poner punto final a esta masiva, déjeme mencionar la gratitud que siente mi espíritu por sus bondades y su bálsamo, el que envió el verano pasado. Bálsamo para profundas heridas, desenredando nudos y tiñendo de colores arcoiris recuerdos traumáticos. Recuerde ahora usted todo lo que debo. Pero recuérdelo sólo por un instante y perdone mi deuda una vez más. Desde el día que me adoptó, debiendo yo ser esclava me entronó, mi vida en el palacio es toda una aventura. Prometo escribirle con más persistencia. Historias varias tengo, para a usted enseñar. Y sepa bien, que la seguridad de su amor, su abrazo, las melodías que canta a mi corazón y sus ojos de sol son el germen, el misterio, el origen de todos mis poemas.

jueves, 20 de mayo de 2010

Dejar las letras


Desde mi punto de vista dos cosas son terribles. 


La primera es para el idealista que escribe literatura, sea o no escritor. Sea o no paceño. Cuando se ha topado indefinidamente con el silencio de lo que cree será su gran creación,  el desperdicio de sus insignificantes horas, su rato de diversión, el alivio de darse a conocer -para conocerse-, la crónica de sus insignificantes vivencias, unos cuantos minutos de algún ocioso o en el mejor de los casos un ávido lector. Se trata de no poder plasmar sus ideas en el papel. 

Es que -entre cerros y laderas, y probablemente también a nivel del mar- es desagradable e insípido el gusto del vacío en la imaginación cuando el corazón está por estallar. "Si no grito lo que siento me voy a morir por dentro!" expresa en esas circunstancias la voz del alma desesperada plagiando al gaucho. Sensaciones varias y palabras pocas. Sensaciones muchas y palabras que juntas no tienen sentido. Los ruidosos tic tac del reloj se vuelven ecos de las cenizas de una prometedora gran idea. Frases ineptas de corta vida. Incapaces de permanecer, dejar huella, liberar, entretener, indagar. Ateromatosis. Hipoacusia. Anquilosis. El futuro bebé que patea y promete reflejar a mamá de repente es abortado apenas antes de nacer. "Déjame gritar!" plagia ahora en coro el ánima a los Holman, Sepúlveda y Villalba. La alegría, la ira, la historia, la imaginación, el rencor, la envidia, el relato, la epopeya, el enamoramiento y la emoción quedan truncados con el mover de los dedos sobre el computador (o sobre el lápiz). Para el idealista que escribe, un papel en blanco una hora después de haber procurado dejar huella es equivalente a un sordo dirigiendo una orquesta. Es una matriz estéril, es un sueño frustrado. Para el sencillo, poco ambicioso, realista, probablemente solo la evidencia de su limitado talento para estas cosas. 

Cuando se acostumbra contarse con frecuencia y facilidad, el no conseguirlo como se quiere, luego de un par de horas de reiterados intentos es terrible. Esto, siempre y cuando lo que pudo haberse dicho haya tenido el potencial de engendrar vida, paz, fe, esperanza, humildad, fortaleza, pasión, amor, verdad y demás virtudes.

La segunda es el que no escribe literatura (ya sea porque es analfabeto, porque no ha conocido la sensación de arreglar letras o porque no le da la gana) o el que ha decidido dejar de escribir. Y lo triste no es que en la mitad de los casos, el que no escribe poco lee y el que ha dejado de escribir también ha olvidado leer, si no que ambos vienen a ser practicamente  lo mismo: sombras. Callan y no producen, no entregan, no buscan para generar, no pueden, ni logran, ni intentan traducirse. No procuran crear. No tejen un camino para conocer (se), para expresar (se), para comprender (se). No proponen analizar ni evaluar la estructura y consistencia de sus razonamientos, opiniones, ni afirmaciones ... En ocasiones se han conformado con ser estáticos, lineales, comunes. No saben como sacarle el jugo las noches de desvelo, desenredar los nudos del alma o crear sus propios mundos. El primero no conoce lo que es contarse, el segundo no quiere ya intentarlo.  

Mucho hace que luego de mis ojos haber visto papeles blancos, no he hecho nada al respecto. Culpa no tengo, verguenza, un poco. Aunque esos instantes de silencio únicamente lograron volver mi corazón a la tinta me hubiera gustado encapsularlos en la eternidad. Tres años. Quizá. He permanecido sin vida. Mucho hace que estoy en coma. He sido una voz muda, que se esconde, que huye. Que no sabe lo que piensa, incapaz de reconocerse, mucho menos recrearse. Que calla, lo bueno y lo malo. Lo rutinario y lo novedoso. Lo interesante y lo común. Lo mal que escribe y lo mucho que intenta. Que se disipa en su intento por erigirse. He sido una voz fantasma. Mucho hace que no hablo, ni grito, ni susurro. No escribo. Desde hoy lo vuelvo a intentar ....