Lo que siento, lo que pienso, lo que sueño, lo que odio, lo otro, lo mío, lo nuestro. Bienvenidos todos los paceños, bolivianos, bloggeros y visitantes de este blog.

miércoles, 22 de septiembre de 2010

No morí en el intento

Gigante, Insípida, Árida, 
Vacía, Ingrata...



Los muros caen, los muros caen
  Y con ellos las cadenas
  los muros caen, los muros caen
  Se derrumban fortalezas


Querido Diego:


¿Cómo estás? Tus días lejos de casa son horribles, lo sé. Y no recibo noticias tuyas hace casi tres meses. Estoy angustiada. Por eso, y por otras cosas. Pero principalmente por tí. Cuanto aborrezco Santa Martha Acatitla. Y tal lejos, pero sabes, estoy ahorrando para ir a visitarte. Hay, ¿qué comerás? Seguro que la comida no es suficiente, y ¿el agua? Acaso, logras saciar tu sed. Responde mis cartas, que estoy desesperada. Qué, ¿acaso me he vuelto loca?

Mis días se han tornado bastante inciertos ¿sabes? ¿Cómo serán los tuyos?, más dramáticos y agresivos sin duda. He comprobado que las cartas que te vengo escribiendo nunca llegaron a la cárcel. Y que angustia, seguramente, tampoco podrás leer esta carta, pero de todos modos la escribo con el vago ensueño de que la leas, wey.

Mucho hace que no te veo, y algo o alguien, como quieras, con lo que he estado batallando todos los días es esta enemiga, pues. ¡La Sole, chavo! Mucho ya la conozco. Nos vemos todos los días, y no es sencillo. Yo no disfruto su presencia ni su compañía, pero no conozco otras presencias ni otras compañías que sean capaces de permanecer a mi lado. Cuando la miro desde lejos acercarse a mí, un temor indescriptible abraza mi condición humana. Y entonces me redescubro temerosa, inmadura e impotente. Pues desde que te fuiste he vivido así por causa de ella; como una niña precoz que vive una pesadilla. Apenas escucho sus pasos me analizo ¿Cuánto me afectará su presencia esta vez? ¿Podrá cavarme de nuevo la vida hasta llegar al tuétano? ¿O resultará esta vez hacerle el hielo e ignorarla? Diego, anhelo reconstruirme, llenar el vacío de mis días, justificarme, pero no puedo. Pues ya conozco los gustos y facetas de Sole, su sutileza, sus máscaras. Sus virtudes, sus consejos. Su irónica compañía. Ella me agarra la mano. Como amigas de kínder caminamos. Aunque la odio he aprendido “¡No me acaricies!” le digo con voz suave. Pero mi voz es demasiado suave, ella insiste como quien sabe lo que quiere. Entonces. No me queda más, me rindo. Me ha vuelto a hacer daño. Grito. Grito fuerte. ¡Diego! ¡Grito! Grito en silencio. 


Los del barrio me dicen que su visita es transitoria, que tenga paciencia, que pronto me dejará en paz. Me dicen que pronto estarás aquí, a mi lado. Pero como creer esas palabras. Milagro. Quizás un milagro podrá librarme. Pero, ¿Acaso creo en los milagros? La que era antes creía en los milagros, hace algún tiempo. Cuando estabas aquí, cuando sanaste. Pero hoy aquella es extraña. Y batallo con la nueva, con la que poco cree en los milagros. Hay Diego y ni siquiera sé dónde estás tú.


Lo siento, Diego, no sé qué será de nosotros. Pues vuelve pronto, que yo aquí me desbarato.



(  Bonjour día de nosequé
¿Qué traes entre tus manos esta vez?
Seguramente será pues
La incertidumbre en mi sentir
Que amenaza con hacerme sufrir
Ese algo  del corazón
Que no responde a la razón
O que solo refleja mi situación

Brebaje de alquimista, amalgama de sentires,
Mezcla  multiforme, que me hace desconforme
Tienes silueta de soledad, ojos de encierro
Rostro de orfandad, labios de destierro,
Actitud de hierro
No me atormentes más.)


Tu Lianna

Querido Diego:


¿Cómo estás? Ha pasado casi un año y más, la condena está a punto de cumplirse. Y no sabes que te espero ansiosamente. Falta poco, ¿verdad? ¡Muy poco! Chaavo, no tengo noticias tuyas, pero sé que sigues allá. Responde mis cartas, pues. Que yo sé que las has recibido y que las lees. Pero no te da la gana. Es grande el vacío que has dejado en mi vida, en mi corazón. ¿Estarás sano, Diego?

Hemos estado rodeados de malas noticias, pero a pesar de eso ¿Diego? ¡Diego! ¡Algo pasó! Con Sole. Cuando regreses te contaré más al respecto. Ya falta poco, muy poco, verás pues.

Te había hablado ya de mis luchas extremas con ella. Día tras día. Y ella haciéndome daño, ¿pues te acuerdas? Y yo sola, en mis propias fuerzas. Y así transcurrió mi vida por muchos meses, hasta que estuve en el último round, en el definitivo. O ella lograría exterminarme y convencerme de que renuncie a la vida, o yo podría en victoria echarla fuera del resto de mis días.  Luego de permanecer unos segundos tendida en el cuadrilátero a causa de haber golpeado al vacío y a las esquinas del cuadrilátero y haber recibido un golpe fuerte, como por instinto y pude ver que alguien me ayudaba. No , no eras, tú, era el de los milagros, ¿recuerdas? fiel, firme y poderosa al fin golpeé a Sole con una fuerza desmesurada, como de quien empieza la pelea. Y Diego, ya no está ella más aquí. Ha sido la mano suya, la mano del de los milagros, no hay otra explicación. Pero ¡Diego! “si … yo no creo en los milagros”.

Seguro no entiendas esta carta, pero ya te estaré contando cuando regreses. Y te espero, te espero con ansias en el corazón.


Tu Líanna  



lunes, 23 de agosto de 2010

Pausa



We are the strivingest people who have ever lived.

We are ambitious, time-starved,
 competitive, distracted.

We move at full velocity, 
yet constantly fear we are not doing enough.

Tough we live longer
than any humans before us,
our lives feel shorter, restless, breathless.

Elizabeth Hilbert





Será que voy a parar algún rato?


trescuatrocincoseissieteochonuevediez,noparaelreloj,noparalavida,nomedejarespirar.


Algo ha estado pasando con mi existencia estos días. Vivo, parezco y me siento como una máquina. Cualquier minuto que sacrifico para tener vida social equivale a una noche de trasnoche y por tanto sufrimiento físico. Hablo, grito, chillo, corro. En mi imaginación, Pero solo en mi imaginación porque estoy quietita, sentada. Sin hacer ejercicio por mucho tiempo!! Y mi cuerpo lo necesita. Corro a toda velocidad. Pero, sentada al frente de la computadora. Sí, así he estado los últimos dos meses. Y el tiempo pasa no de segundo en segundo si no de hora en hora. ¿Cuándo perdí la oportunidad de andar por las calles y emancipar mi alma? ¿De danzar libremente fuera de casa? ¿Puede alguien devolverme el derecho a disfrutar de la naturaleza? ¿Es eso común en estos tiempos? O ¿soy yo la rara? No lo sé. Imagino que las otros 5 mil millones de personas del otro lado de la red tienen una vida distinta. Pero ¿de dónde vengo? y ¿a dónde voy? Además debo meditar más al respecto. Y ¡cuánto trasnoche me costará aquello! Es que cuando paro, cuando hago una pausa, se acelera el reloj. Además justo este tiempo mi teléfono brilla por su silencio.

Cuando no se puede vivir como una quisiera, imaginara o creyese... solo queda sobrevivir. Me alegra que los cerros, montañas y laderas de mi incomprensible Chuquiago me acompañen en esta lucha. Oh ciudad de tantos rostros, tan ingrata, tan compleja. Qué sería de mí sin el sonido de los voceros de tus minibuses, de los martillazos en mi habitación y de mi Illimani despintado en la eventual soledad de mis días.

Hoy lucho como cada mañana contra los amaneceres silenciosos y agitados y como cada noche contra los miles de millones de quehaceres acumulados. Lucho y me canso de luchar. Frágil, recia, sensible, humana. Ya llegará... el tiempo de descansar.


Entre trasnoche y cuanta aflicción, dos puños llenos de trabajo, son el precio, el único precio que puedo pagar, engendrando "fius" para ver pequeños sueños hechos realidad. Una amplia bienvenida al mundo real, y logro trabajar más inteligentemente y no tan arduamente te me habré llevado la medalla. 

jueves, 12 de agosto de 2010

Diligencia? Pero, qué es eso?


No es que sea muy exagerada, aunque sí soy bastante sensible (e ingenua), pero hoy viví una experiencia que podría titular del siguiente modo:  “he vivido una hecatombe, ahora tengo una obsesión”.


Las ametralladoras sonaban indefinidamente. Lamentablemente en mi ciudad, La Paz –como en muchas otras ciudades pobres, imagino- los trabajos que se hacen en ella, en su mayoría no están bien terminados. Se los hace a medias, se los hace por hacer o se los hace para dejar de seguir haciéndolos. Muchas veces ni en el sastre, ni en la limpieza, ni en la policía, ni el ministerio, ni en la alcaldía, ni en el tránsito, ni en el hospital, ni en las empresas de telecomunicaciones, ni en muchas otras instituciones los trabajos se entregan cuando se preveyó que se entregaran ni como se preveyó. (Acabo de presenciar en oficinas del tránsito uno de los ejemplos de burocracia e ineficiencia que ha terminado colmando mi paciencia.) Pienso que este es uno de los factores por los cuales los bolivianitos como nación nos quedamos estancados o retrocedemos, sin lograr avanzar significativamente. La cultura del "yastá". Usualmente mientras transcurre mi vida en esta ciudad fundada para perpetua memoria me topo con estos productos -humanos y materiales- que no están ni bien elaborados, ni  bien terminados; ni son entregados a tiempo. Algunos otros ejemplos que puedo mencionar son: los técnicos que entregan trabajos dos semanas después, los mecánicos automotrices que arreglan el sistema de escape del auto y desarreglan su sistema de amortiguamiento, las composiciones de estudiantes del último año del colegio que luego de ser leídas inspiran suicidio, los informes mensuales de instituciones serias que ignoran procedimientos administrativos, los docentes  mediocres que no dominan la materia que enseñan. (¿Mencioné que era ingenua? y ¿que estaba enojada?). No es asunto de perfeccionismo, si no de excelencia. 

Los atacantes eran muchos. No sé exactamente si lo anterior ocurre porque los trabajadores no pueden, no quieren o no saben cómo hacer mejor el trabajo que deben hacer. Lamentablemente, ocurre todos los días. Entiendo que es un problema complejo y que por lo tanto somos muchos los culpables de la realidad que indica tal situación. Entre ellos los que dejamos que estas situaciones continúen pasando desapercibidas, la “hora boliviana”, la “falta de recursos económicos” y muchos otros que se encuentran fuera de mi control (el clima de mi ínclita ciudad, ¿será?, la producción y venta masiva de bebidas alcohólicas en días de semana, ¿será?, el fácil acceso a las drogas que brinda mi tierra, ¿será?, el sistema educativo boliviano, ¿será?, la crisis moral que se vive y el desorden de la hoyada, ¿será?). Hagamos honor a la frase que dice: "Si te quejas de algo, cámbialo, si no puedes cambiarlo, cambia tu actitud".  Este es solo un vago intento de darnos cara contra nuestra realidad como ciudadanos y asumir nuestras imperfecciones.

Un pequeño grupo de tanques enemigos tenían inmovilizada a la población. En esta ocasión, de los muchos sospechosos nombrados anteriormente, quiero mencionar brevemente a uno en especial, uno de los que más me preocupa: el sistema educativo boliviano. No soy tan radical al hablar como Medinacelli habló un siglo atrás afirmando que "Somos inteligentes para pronunciar discursos, para hacer versos y escritos, para ir a los parlamentos y a los bailes, pero hasta ahora no hemos inventado nada útil, ni siquiera el betún y no hemos producido una sola idea original que se diga idea boliviana, ni en arte ni en ciencia, ni en humanidades... ¿Cuál es la causa? Yo no culpo a otra cosa que los sistemas actuales de enseñanza…" No soy tan radical, porque me consta que hoy -casi un siglo después- hay bolivianos contemporáneos que, aunque muy escasos, son dignos de admiración (como Jaime Escalante Juan Hurtado y Juan Carlos Patiño) porque le han dado renombre a Bolivia a nivel internacional. Por otro lado, seguramente que el sistema educativo boliviano no es el único responsable de que, en la actualidad, los trabajos realizados por gran parte de la población paceña reflejen indiligencia y conformismo. Sin embargo, a pesar de que la intención de la educación formal es la de constituirse en un instrumento de desarrollo y perfeccionamiento de las facultades intelectuales y morales del ser humano, evidentemente la misma se ha constituido en el instrumento perfecto para entrenar a más del 70% de sus miembros para hacer chanchullos, aborrecer el conocimiento, flojear, gastar el tiempo en cosas poco productivas y que además de ello ha asesinado su potencial y menospreciado su capacidad. En palabras de Baptista Gumucio, la escuela ha bien encaminado a Bolivia al suicidio.  

Me econtraba casi sola en la catástrofe. (¿Será?) No puedo callar la verdad de mis vivencias diarias respecto la triste realidad del sistema educativo boliviano. La escuela ni la universidad llenan sus funciones educativas en Bolivia, especialmente en cuanto a eficiencia, eficacia y excelencia se trata. Largo puede hablarse al respecto. Echando una ojeada mis vivencias, cabe mencionar que pocos ejemplos de personas que facilitan las clases que sean dignas de seguir y que inspiren diligencia conozco hoy en día. Pero la pregunta es, ¿soy la única a la que le afectan estas “pequeñeces”? Hasta el día de hoy no he conocido un sólo docente universitario que cumpla en un 95% los horarios establecidos para desarrollar la clase, ni siquiera un 90%. Uno o dos he conocido que están dispuestos a erradicar la corrupción y el chanchullo. La mayoría, más bien, se resigna a fomentar hábitos que engendran monstruos deshonestos, por temor a perder el puesto delatando la verdad, dejando a causa de la urgencia valores, ética e integridad relegados a un segundo plano.  Eso lo sabemos todos. Y también se sabe que soluciones a este problema demandan una inversión a largo plazo y un precio que muy pocos estaríamos dispuestos a pagar. 

Un grito de auxilio. La hecatombe que he vivido no es sencillamente una guerra más. Actualmente la hecatombe continúa. Balas vienen y van. Pocos luchan por apaciguarla, peo esos héroes existen. La hecatombe hasta el día de hoy ha cobrado miles de de víctimas, en su mayoría niños y adolescentes. Las pérdidas que ha causado no son poco significativas: despropósito, desempleo, pobreza, mediocridad, conformismo, apatía, dejadez, rebeldía... El daño se extiende hacia toda una nación. ¿Voluntarios?

He vivido una hecatombe, ahora tengo una obsesión. Cada día pienso en ello. Lo respiro, lo deseo. Sé que es imprescindible: Concientizar docentes de modo tal que aún conscientes de sus deshonrosos salarios cobren fuerza y responsabilidad para con una Bolivia necesitada,  y capacitarlos para que puedan ejercer sus funciones sabia y responsablemente  sobreponiéndose a la adversidad para que sean líderes dignos de admiración. Educar mediante campañas anti-chanchullo y anti-corrupción a las nuevas generaciones bolivianas en valores éticos que trasciendan la perversión de la sociedad actual. ¿Voluntarios?

miércoles, 11 de agosto de 2010

Cuando se me escapa el ‘’amor’’


Lo siento, sé que no debo dejarme llevar por mis sentimientos –lo dice la voz ingenua de mi experiencia y la de mi consciencia. Lo dice el eco de la religiosidad, lo dicen las voces amargadas. ¿Y qué? Sé que el corazón es engañoso, lo dicen los proverbios de Salomón, el hombre de las 300 esposas y 700 concubinas, el más rico y sabio de la humanidad. El vio  en grande lo pequeña parte que yo veo. Personas que son simplemente mundos maravillosos. Nada puedo hacer yo al respecto. De esas que no solo llaman tu atención, si no que además de escucharlas hablar continúan alimentando la curiosidad. Tres y más ventanas de esas conozco desde hace un par de años y el día de ayer acabo de descubrir una cuarta. Me ha sorprendido y cautivado más de lo que podría imaginar, no lo niego. Salen del común denominador. Tres y más seres que como yo se tornan eventualmente solitarios entre los hombres, para darse a las letras. Para darse a luz y formarse como forma Dios un feto en el vientre materno. Dejando una parte de ellos en el mundo y absorviendolo al mismo tiempo. Mundos extensos. Los otros. No lo niego, hoy se me hacen apetecibles sus obras. Personajes reservados, observadores, que pretenden grabar lo cotidiano sobre algo menos efímero. Viven el momento, y algo más. Si tan solo yo también podría construir lo que construyen a su lado. Si pudiera dejar que se me escape el corazón para que lo construyamos juntos. Cada uno tiene al hombre que anhelo o al menos un poco de él: la perspectiva, el diálogo que maneja, la rutina que vive, el hábito que ha formado, la rareza en su expresión, el entusiasmo por la ciencia, los retos que ha superado, la pasión por las cosas de Dios.  Pero la mayoría de estos seres son lejanos, distantes, platónicos, incluso algunos de ellos vivieron hace cientos de años.

Los amo, diría, pero sé que no es así. Es solo mi estómago el que cree en ese tipo de amor como si fuera el más importante. En ocasiones se revuelve cuando los leo en mi sensibilidad. Llaman mi atención, sin duda. Atraen mi persona, pero solo como podría atraerme una comida en especial, una prenda de ropa o un auto. Por otro lado a mi espíritu investigador le fascina descubrirlos, es como hallar una aguja en un pajar. Pero entiendo perfectamente que ese sentimiento no corresponde plenamente al amor… corresponde más bien al enamoramiento; y nada más efímero y engañoso he conocido, de nada sirve si no es para complementar el verdadero amor, el que todo lo sufre, todo lo espera, todo lo cree y todo lo soporta, el que nunca deja de ser. (¡Cuantas babosadas a las que me aferro, retando a Dios se hagan verdad!)  Y ¡mi ser! Mi ser se conmueve cuando los leo, algo natural. Entonces mi corazón enamorado, gran actor, pretende hacerme creer que va a desbordarse, por amor. Pero no es así. Yo no creo en esa clase de amor como el componente principal de una relación desde hace mucho tiempo, y una variedad de sinsabores me ha ahorrado haber podido discernirlo.  

Por otro lado estoy consciente de que en muchos aspectos ni siquiera me hallo capaz de amar todavía con el amor en el que creo, el de verdad, el principal, ese que permanece. Estoy lejos de responderles un "te amo" de corazón, decorado con obras. Podría haberlo hecho antes en mi picardía, para adornar la situación. Podré hacerlo el día que crea haber aprendido a amar. El día que crea haber aprendido a amar, será el día que acepte con sus mil errores  al amado. Será el día que sienta que he cuidado tan bien de una que puedo cuidar de dos, que sea capaz de dejar de comer para que él coma, de dormir para velar su sueño, de descansar para verlo sonreír, de suplir cada una de sus necesidades y servir hasta mis últimos días sin buscar ser servida... enfin ... dé cimentada en la esperanza esperar entre bosques y años luz para ser suya y solamente suya.

domingo, 25 de julio de 2010

Tastes better




Pedro, hombre moreno, ojos negros, porte de tenista, 30 años 0 hijos y 90 kilos, carácter fuerte, luego de haber tenido una mañana ajetreada y de haber disputado con Ana, está en la disyuntiva de qué irá a almorzar el día de hoy. En medio de su ruta diaria del trabajo a casa tiene muchas opciones y entre ellas una interesante. Habita solo y disfruta la plena libertad de que nadie mande en sus decisiones. O degusta aquello que tenía antojado desde hacia tanto tanto tiempo, lo que le había prohibido el médico, unas hamburguesas calentitas recién preparadas en el restaurante de comida rápida, el Burger King de la Ballivián, o conscientemente decide comer algo más nutritivo y con menos grasa, un plato de lentejas o una sopa de pescado, en la casa de nonita -su tía-. Su jornada laboral de mitad de la mañana no ha sido la mejor de todas, y por si fuera poco había fracasado en su intento por cerrar aquella venta que hace tanto prometería engordar su billetera. Ninguno de estos platos con sazón familiar le atraen en absoluto. Está a punto de inclinarse por las papas agrandadas y la abundante mayonesa que le pondrá a su Chukuta –en oferta solo por este mes. Sin embargo, a medida que va ingresando al parqueo del Burguer, ocurrentemente observa en su imaginación la radiografía de su cuerpo una vez ingerida la deliciosa Chukuta. Se ríe de si mismo. Cuanto disfruta ver esa imagen gorda tirada sobre el sofá que observa descaradamente la televisión. -Viejo irresponsable, se susurra a sí mismo. Entonces, da media vuelta y se dirige a casa de nonita, para el almuerzo.


En mi caso (habla Beatrice), y no soy de otro planeta, de vez en cuando me veo obligada a comer la hamburguesa. Esa olorosa chatarra que hace explotar mi rostro de mochos. Ese conjunto de instantes pequeños a los cuales la gente llamamos vida, me alimenta de todo un poco, hamburguesas, lentejas, mariscos, y restos de watia. !Quien no lo sabe!, la vida está llena de ratos gordos y cavas flacas. Y esta, una de las chatarras de Doria Medina, atractiva, adictiva, me hizo sentir de nuevo. Tanto que en un punto se torna casi imprescindible, para sobrevivir. Momentos intensamente alegres. Unas buenas notas en la universidad, la noticia de la sanidad del cáncer de Dani, algunas de las vanas señales de amor que parece prometer un compromiso en el tiempo. Por eso y por mucho más adoro la vida. Al día cambia el menú, y a embutirse las lentejas insípidas, casi incomibles, insoportables. Para sobrevivir.

Pedro, el ñoño de Pedro,quiere sacarse las lentejas de la boca inmediatamente después de meterse el primer bocado, y recuerda el gran valor nutritivo de las lentejas que la nutricionista le había enseñado dos semanas atrás: hidratos de carbono,  proteínas vegetales de alto valor biológico, bajo contenido en lípidos, vitaminas B1, B3 y B6 y demás vainas. Traga Pedro, traga. Las lentejas son el fracaso. Traga Pedro y convida. Dame de tus lentejas. Quiero amar lo que hacen en mí, ingredientes eficientes y eficaces de mi cotidianeidad. Así fracasada, atragantaré en mi garganta su sinsabor. 

jueves, 20 de mayo de 2010

Dejar las letras


Desde mi punto de vista dos cosas son terribles. 


La primera es para el idealista que escribe literatura, sea o no escritor. Sea o no paceño. Cuando se ha topado indefinidamente con el silencio de lo que cree será su gran creación,  el desperdicio de sus insignificantes horas, su rato de diversión, el alivio de darse a conocer -para conocerse-, la crónica de sus insignificantes vivencias, unos cuantos minutos de algún ocioso o en el mejor de los casos un ávido lector. Se trata de no poder plasmar sus ideas en el papel. 

Es que -entre cerros y laderas, y probablemente también a nivel del mar- es desagradable e insípido el gusto del vacío en la imaginación cuando el corazón está por estallar. "Si no grito lo que siento me voy a morir por dentro!" expresa en esas circunstancias la voz del alma desesperada plagiando al gaucho. Sensaciones varias y palabras pocas. Sensaciones muchas y palabras que juntas no tienen sentido. Los ruidosos tic tac del reloj se vuelven ecos de las cenizas de una prometedora gran idea. Frases ineptas de corta vida. Incapaces de permanecer, dejar huella, liberar, entretener, indagar. Ateromatosis. Hipoacusia. Anquilosis. El futuro bebé que patea y promete reflejar a mamá de repente es abortado apenas antes de nacer. "Déjame gritar!" plagia ahora en coro el ánima a los Holman, Sepúlveda y Villalba. La alegría, la ira, la historia, la imaginación, el rencor, la envidia, el relato, la epopeya, el enamoramiento y la emoción quedan truncados con el mover de los dedos sobre el computador (o sobre el lápiz). Para el idealista que escribe, un papel en blanco una hora después de haber procurado dejar huella es equivalente a un sordo dirigiendo una orquesta. Es una matriz estéril, es un sueño frustrado. Para el sencillo, poco ambicioso, realista, probablemente solo la evidencia de su limitado talento para estas cosas. 

Cuando se acostumbra contarse con frecuencia y facilidad, el no conseguirlo como se quiere, luego de un par de horas de reiterados intentos es terrible. Esto, siempre y cuando lo que pudo haberse dicho haya tenido el potencial de engendrar vida, paz, fe, esperanza, humildad, fortaleza, pasión, amor, verdad y demás virtudes.

La segunda es el que no escribe literatura (ya sea porque es analfabeto, porque no ha conocido la sensación de arreglar letras o porque no le da la gana) o el que ha decidido dejar de escribir. Y lo triste no es que en la mitad de los casos, el que no escribe poco lee y el que ha dejado de escribir también ha olvidado leer, si no que ambos vienen a ser practicamente  lo mismo: sombras. Callan y no producen, no entregan, no buscan para generar, no pueden, ni logran, ni intentan traducirse. No procuran crear. No tejen un camino para conocer (se), para expresar (se), para comprender (se). No proponen analizar ni evaluar la estructura y consistencia de sus razonamientos, opiniones, ni afirmaciones ... En ocasiones se han conformado con ser estáticos, lineales, comunes. No saben como sacarle el jugo las noches de desvelo, desenredar los nudos del alma o crear sus propios mundos. El primero no conoce lo que es contarse, el segundo no quiere ya intentarlo.  

Mucho hace que luego de mis ojos haber visto papeles blancos, no he hecho nada al respecto. Culpa no tengo, verguenza, un poco. Aunque esos instantes de silencio únicamente lograron volver mi corazón a la tinta me hubiera gustado encapsularlos en la eternidad. Tres años. Quizá. He permanecido sin vida. Mucho hace que estoy en coma. He sido una voz muda, que se esconde, que huye. Que no sabe lo que piensa, incapaz de reconocerse, mucho menos recrearse. Que calla, lo bueno y lo malo. Lo rutinario y lo novedoso. Lo interesante y lo común. Lo mal que escribe y lo mucho que intenta. Que se disipa en su intento por erigirse. He sido una voz fantasma. Mucho hace que no hablo, ni grito, ni susurro. No escribo. Desde hoy lo vuelvo a intentar ....