Quiero escribir al
cielo desde esta habitación sencilla. Calurosa la noche estrellada, el
ventilador gira y gira. Quiero decirles aquellos, que tanta maravilla han
dejado, cuando repaso en mi mente sus rostros ancianos. Hoy compruebo no es
mentira, bendecida hasta la tercera vida, de generación en generación. Miro el
techo bajo. Quiero que esta carta traspase las nubes, y llegue a sus oídos
seres queridos. Desde la ciudad de los anillos cuantos atajos deberás pretender
mis trazos. En mi corazón la gratitud se agita, por lo que con paciencia,
trabajo y abnegación han hecho para mi vida. Veinticinco grados, eso es
alegría. Hasta la tercera generación será bendita, y ustedes en su arduo
trabajo y ferviente amor son la causa de mis dichas. Cuanta paciencia, cuanto
cariño, han cimentado en numerosas vidas, que hoy me bendicen en gratitud, su
generosidad no ha sido vencida. Imagino sus rostros arrugados, cómo sonríen de ver
los lirios, los tulipanes y manzanales. Es verde tierra la que hoy habito, y
ustedes fieles sonrisas angelicales. Imagino sus canas hechas colores, y entre
serafines danzando sutiles. Cobra mi alma fe en la vida, al ver que principios
no son defraudados. Cuantos corazones han consolado en su humilde villa los han
alimentado. Pasan los años y se cosecha el trigo. Trinan las aves de su
esperanza, y el rocío me acaricia el semblante. Son como niños en eternos
jardines y yo de mano de aquellos principios, seguiré sus pasos, determinada.
Sembrando justicia, sembrando vida. Les han dado risa, una familia. Han sido
amigos de su huérfano camino. No muchos bienes , más cariño de padres.
Sembrando esperanza de que fe mueve montañas. Ser bueno y atento, siempre esforzado,
honesto y sincero, de trabajo honrado. Ser fiel a lo puro, lo que es de buen
nombre, amar sinceramente, atento al amigo. Eso han sido, sencillas presencias.
Han visto en la vida, irse sus esfuerzos, han pasado vanos los frutos de
sus manos. Hoy son otros los tiempos. Vean las semillas hechas parcelas,
verdeando olivos en oasis encantados, sus ojos llorosos mojan mi
almohada. El generoso será prosperado y el recto de camino jamás humillado:
Corazón taciturno,
en espacio de la vida,
sencillo,
son primicias de año.
Las primeras jornadas
atacando lo ingenuo,
de cara al asfalto y vereda.
La cuantía capital,
el sacrificio paterno,
fortaleza mujeril,
no por sabios los viejos.
Es el “mundo de los grandes”,
infante corazón,
despierta.
Se adapta al mundo,
creación hecha a su medida.
Ríe,
la imposibilidad de lo absoluto.
Como sierva,
hay lamento,
y como cabeza
lo incierto,
Sea apenas,
más que aquello,
barrro y alimento.
¿importunará el rival
en pleno siglo XXI?
Y la sobrepoblación planetaria,
no aplacará la fuerza hallada.
Formación eterna,
no es gratis el enseño.
Agradezco al altísimo,
no agonizo, canto.
Y la vida de a dos,
otro asunto bizarro,
como labrar el campo,
ella ser la que ha necesitado.
La relación,
usos, prácticas diarios
Se suma la crítica brecha,
no perezco, amo.
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