Lo que siento, lo que pienso, lo que sueño, lo que odio, lo otro, lo mío, lo nuestro. Bienvenidos todos los paceños, bolivianos, bloggeros y visitantes de este blog.

viernes, 17 de febrero de 2012

Entre amantes y el amado/Lebens

Quiero gritar y grito. ¡Cuánta belleza! Y de pronto me asombro por lo que digo.  ¿Cuanta genialidad? Los sufrimientos no son en vano. No lo han sido en mi vida. Sabemos que a veces se gana y a veces se aprende. Y entonces quiero amar, dar, ayudar, soñar, bendecir, salvar. Mucho para una sola noche. Me vuelvo idealista, altruista, alquimista de pesares y arquitecto de prodigios. Me aman, por lo que hago, claro está. Y entonces grito más. Graciosa la vida. Porque me levanto al día siguiente cansada. Agotada por las horas de sueño que le robé a cuerpecito. Con razón habla Guillermo Mariaca de las los anocheceres de pasión y de los amaneceres de la razón. De pronto son las siete y media de la mañana y comienza la rutina. Las mismas caras, los mismos sueños y temores. Los mismos conflictos no resueltos y mi mente cansada. Entonces bajo los chorros de agua helada que me traigan de vuelta a la realidad, renuncio a los  sueños de la noche anterior, y transcurro el día culpando a los prójimos, escupiendo la frustración de la imposibilidad de alcanzar lo inalcanzable, lo absoluto. Comunico mis demandas como antropófaga de esas insaciables, inconformistas: padre, madre, jefe de carrera, compañeros, hermano, amigas, ninguno de ellos se salva. 


Mecanismos, debo poner en práctica mis mecanismos, sí todos tenemos mecanismos. Para despertar, para caminar …para sobrevivir. Para transformar la tristeza en gozo, el trabajo en vida. Larga la historia de mis mecanismos. He probado los traguitos, alcohol, mucho alcohol.  Días en los que las penas se ahogaban o al menos me acercaban a aquello para mí inalcanzable en mi estado de sobriedad natural. Cigarrillos. Recuerdo las noches de insomnio de la mano de mis puchitos por la ventana de mi habitación. "Nadie" se enteraba. Puchitos y música cortavenas, en mente ensueños utópicos. Los chismes. Salir corriendo de casa a la primera persona de confianza para consolarse producto del fracaso ajeno. Cuanta frivolidad. Por supuesto música. La música: alegre, por favor. Que me suba el ánimo ché. Y con el tiempo aprendí, que me suba el ánimo pero sin incitarme a pasiones desordenadas, ni a ilusiones falsas. Funciona, a veces. Mmm, el teléfono. Sí, hablar con alguien, con alguien que entienda, nunca está de más. Amigas, amigos, tías, al fin y al cabo, en las buenas y en las malas, no? Pero y si te los topas de mal humor, mmm, no siempre resulta. Ya sé, libros, novelas, para disipar mi mente y mi imaginación. Pero con la mente tan cansada no puedo si no frustrarme al descubrir una eventual disminución de mi capacidad de concentración pese mi predisposición para asimilar. Música, fotos, facebook, g+, twitter, el pasto, las flores, el multi, cualquier cosa, si que transforme la fría nieve en rocío de primavera. Fama, sí,  extender mi influencia, unas fotitos, videos, comentarios, obras, obras y más obras que me hagan sentir bien de nuevo. Entonces recuerdo, al que debo poner en primer lugar, porque es el único capaz de hacer rebosar mi alma. Al mismo, al amigo, al hermano, al padre, al compañero. Y me arrepiento de saber que en esta ocasión fue mi última opción. El que nunca me rechazó y con brazos abiertos me espera, para llenarme de amor. Combustible! Si!! combustible. Vida, fresca. Amor, verdadero. Fuerza, rhema. Bendito el día que lo conocí. Y aunque mi estrecha mente no logra terminar de entender sus aspectos, cuando está triste mi corazón y me han decepcionado mis tantos amantes (amor humano, dinero, fama, conocimiento) puedo rendir mi vida a sus pies, quizás llenarlos de lágrimas y llenar mi tanquecito para poder seguir:



Cuán maravillosas son tus palabras
Manantial de vida
para el alma mía

Peña que entrega
miel  en abundancia
sazonando mis días

Espejo de aguas,
mi silueta es pequeña
de cara a tus teorías

Huygens y Snell
no son más los autores
ni acaso Young, Roemer, Fermat …

que erigen reflejos
quizá refracciones
las ondulaciones de mi natural existencia

Tus labios expulsan
una leve sustancia
azúcar de mi savia

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