Lo que siento, lo que pienso, lo que sueño, lo que odio, lo otro, lo mío, lo nuestro. Bienvenidos todos los paceños, bolivianos, bloggeros y visitantes de este blog.

sábado, 19 de mayo de 2012

Perorata


Porque suena mejor, que el verso de uno solo


-¿Puedes ver lo que has hecho? Veinte metros cuadrados han sido mi pretexto. La posibilidad no ha existido como algo independientemente de mi misma, ha brotado de aquellas cosas en las que he dejado irradiando pedazos de mi ser.
-Puedo ver en tus ojos las palabras que no has podido entregar a mis odios.
-Las determinantes sociales y biológicas mezcladas con el devenir de la ruleta de los clubs de juegos pueden labrar el destino. Te pregunto si es casualidad que conozcas cada anhelo de mi corazón. ¿Post hoc?
- dime, ¿me quieres?
- Por ahí decían que tus pensamientos son más altos que mis pensamientos. Cuando desmayé en faldas de tus cerros deshielados fue porque hube pensado no hallar tu bondad en la tierra de los vivientes.
- dime, ¿me escuchas?
- Y mientas sonreías a mis ojos llorosos, a mi lomo agotado y a mis ojos cansados, recordabas el día que mi embrión vieron tus ojos. Soy mujer de carne y hueso que llora, come y va al baño. Nada más que un frágil destino que se lo lleva el viento, una niña procurando afrontar sus responsabilidades.
- debo decir, valga mujer, que bien comprendo tus palabras.
- Jugando a ser mujer mientras busca reinventarse mil veces, como enseña el siglo xxi. Mientras a mi alrededor hay heridos y desaparecidos, protestas y marchas, muertos crisis y pobres yo pretendo conjugar estas veinticuatro horas, entre escritos, vivencias y realidad para canta como Violeta, imaginar como Lucas y vivir como King soportando el peso de la responsabilidad. La autonomía de mis pensamientos comienza a tener sustento.
- (ríe)
- Tu silencio me ha dado el eco de tu reflexión siempre útil para mí. Son solo hechos observables, olvídate de la certeza de encadenar con tus dichos, no es aprobación o desaprobación en términos de lo que debes pensar de ellos. 

jueves, 10 de mayo de 2012

Sonatas


Tesoros he guardado, niño
Muchos años como el oro
En sus manos mi alma ha amamantado

Hay penumbra en los sueños
El dolor de amistad
Que duerma en Warnes

"je ne sais quoi"
Río
De pueblo en pueblo, andamos

San Ignacio
El que te atrapa
Distancia araña

Dos complices guardando la vida
Que brota desde la cuenca del corazón
A orillas del Piraí

El jefe manda en esta fábula
Ochoós a la puerta de la casa
Que con hojas marchitas dibuja camino

Compras el cielo con tu guitarra
Voz de fábula
En mi ingenuo cuento

Cuando me despierte el cabecilla
Dile que su designio
Me lo trago de lleno

La Moqueta lleva mis pasos
Y el verde viva
En tus recuerdos

Dígame que me calle y estará sacando de los vidrios rotos de mi alma decenas de frases que llevan sentido en el contexto de  la que habito. La que de pronto se torna extraña y traidora, la que no puede controlar el fuego que despiertan las huellas inciertas de los pasos de otro extraño. Misterioso de sonrisa perceptible. Tengo temor que descubras que en realidad no soy nada. Nada especial llevo en el alma. La religión no forma más práctica usual de mis conversaciones, mis labios han perdido su toque poético, y el lugar escucharás una voz galga hablándote, y un rostro sonrojado que procura esconder el eco de la necesidad. Y si además descubrieras mi fragilidad personal haciéndola trampolín de una aventura que no deje más que marcas de agua en su diseño, no me quedaría más que aceptar el odio de mis imperfecciones y lo difícil que se torna aceptarlas y aceptarte a ti en ellas. Y si de pronto pudieras entender que el noble mosto debería parir mi alma porque el mundo lo dice, ese mosto es para el vino que se sirve luego que se ha emborrachado la gente, el de mala calidad, al que le cuesta entregar sabor, ¿acaso seguirías ansiando los viajes en paracaídas y las escusas para festejar? Mírame y descubre el temor de sentirme libre con lo que soy sin pretender piedad o amor o compostura. Cuando midas con vara chica los pocos rastros que he dejado y no te alcances los dedos para contar las veces que pasé desapercibida. Sin voz ni voto, sin opinión ni derecho, retraída, quieta y muda. Me avergüenza saber que no he podido resolver el problema de las guerras, ni saciar el hambre de las caras escuálidas que roban mis lágrimas. Quiero vomitar cuando entiendo mis pobres habilidades y cuanto requiero pelear para sentirme fuerte, responsable ciudadana, mujer de negocios, cortesana. Qué mas da si descubres que no hay nada que descubrir, nada que pueda interesar. He desperdiciado mis años repitiendo frases que no han pasado a mi memoria de largo plazo. No sé de música, ni cine. Prefiero dormir que bailar. Y llorar que cantar.