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martes, 2 de agosto de 2011

Ingenua amnesia

No recuerdo cuando fue la última vez, que vi a los enfermos de sida en los hospitales, de los canales de televisión en las series estadounidenses. Era mucho más entretenido verlos flirteando, entre humor siendo seducidos y teniendo relaciones sexuales. Once por ciento del producto interno bruto. Cuanta gracia entre subtítulos, risueños momentos de placer. Más no recuerdo cuando pronunciaron las últimas palabras de su vida, reflexiones tabú "plan you future, this is not it" "Mi proyecto de vida se derrumbó, yo no quiero morirme, pero es hora de partir". Las cámaras no estaban allí, yo tampoco pude verlos y si los vi, no me acuerdo. Quizás fue antes de las ocho, mi itinerario cotidiano de televisivo entretenimiento. No recuerdo el momento el que sus padres sellaban con lágrimas su entierro. Estaban muriendo de SIDA.

Cuándo fue que a través del coaxial transmitieron la señal que con descomunal ingenio reflejara el dolor de la madre que se siente asesina, acabando de abortar la criatura de su mirar “célula apenas, si quiera con vida” pobre la niña no es más la misma. Y es que no quedó documentado, exceptuando el instante de descontrol, el final de la pequeña vida. Tampoco el ocaso de la relación de la culpable mujer con su príncipe azul del ensueño, desde NBC para el mundo. Veinte millones de expectantes y más de ocho temporadas. Cómo no estar globalizando sus vidas, cuando el ingenio del centro de los Ángeles, les da  a los espectadores nivel de valor agregado. 

Creo que anda mal mi memoria, pero quisiera acordarme cuando fue que vi esa historia. El padre alcohólico dejaba a la intemperie a su familia, tres hijos con su futuro frustrado y una mujer curtida por los golpes que le daba. Ella llorando en las escaleras, elevando el clamor a su cielo. Solo me acuerdo que era divertido, salir a festejar con los amigos. Dejra por un instante la carga del consciente vivido. Increíbles momentos de contentamiento, Lily y Marshal en medio. Siete temporadas y ni siquiera se revela el misterio. 

No sé si es la amnesia, espero sea eso. Se me hace difícil encontrar en mi mente la fecha exacta en la que en la red tenía más de mil amigos, setecientos sabían mi cumpleaños, ahora estoy solo intentando encontrarlos y hacer que todos quepan en mi memoria. Lazos de ilusión relacional. Comunicaciones miles sin relaciones, se han quedado reunidos los compromisos, inmovilizados por el estrés en las salas virtuales.             

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