Lo que siento, lo que pienso, lo que sueño, lo que odio, lo otro, lo mío, lo nuestro. Bienvenidos todos los paceños, bolivianos, bloggeros y visitantes de este blog.

miércoles, 17 de agosto de 2011

Trapitos al sol

Si se trata de ponerse la mano al pecho y despertar a la verdad, hay un par de cosas con las que no estaríamos del todo contentos. Luego de haber gastado (invertido, desperdiciado?) tiempo en la universidad, pienso fríamente en los logros y resultados obtenidos.  No como para justificar cosas reales que de pronto me cuestan aceptar, acerca de mi misma, de mi país y de la universidad en Bolivia, sino más bien a modo de sincerarse. Una mirada subjetiva.

Entre las huellas dejadas por mi andar en la institución que me educó está más de una vida transformada, para bien, la cual pudo dejó hábitos dañinos por una esperanza sana. Además de eso, el haber comprobado empíricamente que la honestidad y el trabajo duro tienen su recompensa y que la mano, favor y sustento de aquel en quien creo está siempre sobre los que le temen y honran.  Reconocer el valor del trabajo en equipo, haber encontrado al menos una amiga sincera, aprender a aprovechar las oportunidades y adiestrarse en buscar y pedir ayuda fueron sin duda los puntos fuertes, los destacados de esta trayectoria.

Entre las carencias, los pocos estímulos al desarrollo de una consciencia más crítica que memorística. Mi preparación para hacer frente la realidad laboral deja mucho que desear a nivel global. Si bien aquí puedo desarrollar proyectos, diagnosticar fallas, diseñar soluciones, afuera me comen los otros. De pronto escucho el eco del  … “y ahora qué con todos estos años”, es asunto personal.  Además observo rostros, como el mío. Los rostros de mis compañeros, sus records académicos, sus voces de pánico al defender sus proyectos de grado con ojos llorosos me susurran que no soy la única. Triste, mal de muchos consuelo de tontos, pero el que calla otorga.

Los casos de corrupción que he descubierto, en todos estos años son practicamente incontables. Pero qué se va hacer es lo normal en nuestro medio y ¿acaso alguien va sacar fuerzas de la nada, de la debilidad para ir en contra de eso? Pocos, o nadie.

martes, 2 de agosto de 2011

Ingenua amnesia

No recuerdo cuando fue la última vez, que vi a los enfermos de sida en los hospitales, de los canales de televisión en las series estadounidenses. Era mucho más entretenido verlos flirteando, entre humor siendo seducidos y teniendo relaciones sexuales. Once por ciento del producto interno bruto. Cuanta gracia entre subtítulos, risueños momentos de placer. Más no recuerdo cuando pronunciaron las últimas palabras de su vida, reflexiones tabú "plan you future, this is not it" "Mi proyecto de vida se derrumbó, yo no quiero morirme, pero es hora de partir". Las cámaras no estaban allí, yo tampoco pude verlos y si los vi, no me acuerdo. Quizás fue antes de las ocho, mi itinerario cotidiano de televisivo entretenimiento. No recuerdo el momento el que sus padres sellaban con lágrimas su entierro. Estaban muriendo de SIDA.

Cuándo fue que a través del coaxial transmitieron la señal que con descomunal ingenio reflejara el dolor de la madre que se siente asesina, acabando de abortar la criatura de su mirar “célula apenas, si quiera con vida” pobre la niña no es más la misma. Y es que no quedó documentado, exceptuando el instante de descontrol, el final de la pequeña vida. Tampoco el ocaso de la relación de la culpable mujer con su príncipe azul del ensueño, desde NBC para el mundo. Veinte millones de expectantes y más de ocho temporadas. Cómo no estar globalizando sus vidas, cuando el ingenio del centro de los Ángeles, les da  a los espectadores nivel de valor agregado. 

Creo que anda mal mi memoria, pero quisiera acordarme cuando fue que vi esa historia. El padre alcohólico dejaba a la intemperie a su familia, tres hijos con su futuro frustrado y una mujer curtida por los golpes que le daba. Ella llorando en las escaleras, elevando el clamor a su cielo. Solo me acuerdo que era divertido, salir a festejar con los amigos. Dejra por un instante la carga del consciente vivido. Increíbles momentos de contentamiento, Lily y Marshal en medio. Siete temporadas y ni siquiera se revela el misterio. 

No sé si es la amnesia, espero sea eso. Se me hace difícil encontrar en mi mente la fecha exacta en la que en la red tenía más de mil amigos, setecientos sabían mi cumpleaños, ahora estoy solo intentando encontrarlos y hacer que todos quepan en mi memoria. Lazos de ilusión relacional. Comunicaciones miles sin relaciones, se han quedado reunidos los compromisos, inmovilizados por el estrés en las salas virtuales.