Si se trata de ponerse la mano al pecho y despertar a la verdad, hay un par de cosas con las que no estaríamos del todo contentos. Luego de haber gastado (invertido, desperdiciado?) tiempo en la universidad, pienso fríamente en los logros y resultados obtenidos. No como para justificar cosas reales que de pronto me cuestan aceptar, acerca de mi misma, de mi país y de la universidad en Bolivia, sino más bien a modo de sincerarse. Una mirada subjetiva.
Entre las huellas dejadas por mi andar en la institución que me educó está más de una vida transformada, para bien, la cual pudo dejó hábitos dañinos por una esperanza sana. Además de eso, el haber comprobado empíricamente que la honestidad y el trabajo duro tienen su recompensa y que la mano, favor y sustento de aquel en quien creo está siempre sobre los que le temen y honran. Reconocer el valor del trabajo en equipo, haber encontrado al menos una amiga sincera, aprender a aprovechar las oportunidades y adiestrarse en buscar y pedir ayuda fueron sin duda los puntos fuertes, los destacados de esta trayectoria.
Entre las huellas dejadas por mi andar en la institución que me educó está más de una vida transformada, para bien, la cual pudo dejó hábitos dañinos por una esperanza sana. Además de eso, el haber comprobado empíricamente que la honestidad y el trabajo duro tienen su recompensa y que la mano, favor y sustento de aquel en quien creo está siempre sobre los que le temen y honran. Reconocer el valor del trabajo en equipo, haber encontrado al menos una amiga sincera, aprender a aprovechar las oportunidades y adiestrarse en buscar y pedir ayuda fueron sin duda los puntos fuertes, los destacados de esta trayectoria.
Entre las carencias, los pocos estímulos al desarrollo de una consciencia más crítica que memorística. Mi preparación para hacer frente la realidad laboral deja mucho que desear a nivel global. Si bien aquí puedo desarrollar proyectos, diagnosticar fallas, diseñar soluciones, afuera me comen los otros. De pronto escucho el eco del … “y ahora qué con todos estos años”, es asunto personal. Además observo rostros, como el mío. Los rostros de mis compañeros, sus records académicos, sus voces de pánico al defender sus proyectos de grado con ojos llorosos me susurran que no soy la única. Triste, mal de muchos consuelo de tontos, pero el que calla otorga.
Los casos de corrupción que he descubierto, en todos estos años son practicamente incontables. Pero qué se va hacer es lo normal en nuestro medio y ¿acaso alguien va sacar fuerzas de la nada, de la debilidad para ir en contra de eso? Pocos, o nadie.