Cuan hermosa eres amada mía
Cuan hermosa eres!
Tu ojos son como palomas
Cuanto me ama,
oh gran rey. Me ama hasta el infinito. Su majestad, ha usted puesto todas las
cosas para mí para hacerme sonreír. Soy su princesa. Soy su respirar. Ha
diseñado, oh gran rey, mundos fascinantes, para mí. Un lugar para cada cosa y
cada en su lugar. Encerrando con puertas el mar cuando se derramaba
saliéndose de su seno, mandado a
la mañana, y enseñando al alba su lugar; para que ocupe los confines de la
tierra. Partiendo conducto al turbión, y dibujando el camino de truenos y relámpagos, engendrando las gotas del rocío,
atando los lazos de las Pléyades y desatando las ligaduras de Orión.
Poniendo sabiduría en el corazón, y dando al espíritu inteligencia. Cazando la
presa para el león, saciando el hambre de los leoncillos, alimentando a las
aves del cielo. Maravillosas obras, oh Majestad. Y cuánto trabajo le habrá
acaso costado tejerme en lo profundo de la tierra, mandando para mí la
vida. 30 mil millones de neuronas con 100.000.000.000.000 conexiones cada
una, 25 millones de glóbulos sanguíneos, pares de
cromosomas, billones de células, un camino del sonido y una perfecta
cámara fotográfica, entre otros prodigios. Hoy respira, habla, inspira,
clama. Y más allá de eso, oh Rey, sepa usted, ha provisto sombra, para los días
de calor, cuando se carcomen el derecho y la verdad. Cuando el sufrimiento
atenta la tranquilidad. Una larga lista podría yo escribir, pero no pretendo
cansarlo. Finalmente, entonces, para poner punto final a esta masiva, déjeme
mencionar la gratitud que siente mi espíritu por sus bondades y su bálsamo, el
que envió el verano pasado. Bálsamo para profundas heridas, desenredando nudos
y tiñendo de colores arcoiris recuerdos traumáticos. Recuerde ahora usted todo
lo que debo. Pero recuérdelo sólo por un instante y perdone mi deuda una vez
más. Desde el día que me adoptó, debiendo yo ser esclava me entronó, mi vida en
el palacio es toda una aventura. Prometo escribirle con más persistencia.
Historias varias tengo, para a usted enseñar. Y sepa bien, que la seguridad de
su amor, su abrazo, las melodías que canta a mi corazón y sus ojos de sol son
el germen, el misterio, el origen de todos mis poemas.
