Este es uno de esos posts en los que debo confesar qué es lo que realmente me sostiene. Mostrarme desnuda. Es de esos en los que pretendo mostrar mi escritura pulcra, salida de la más inocente intensión de mi corazón, sincerando mis vivencias para los que disfrutan leerme, o al menos lo hacen. Eventualmente. Continuamente. Obsesivamente.
Con todo el estrés que implica este tiempo de trabajo y estudio a tiempo completo en mi vida -por primera vez en mi existencia de relajada estudiante sin más responsabilidad- una de las cosas que más amo es disfrutar mi “tiempo libre” junto a mi amado: estando en su presencia, meditando acerca de mi pasado, presente y futuro… en la paz de su presencia, alzando los ojos tan lejos como pueda ver. Descansando en el conocimiento de tanta fidelidad. Y es que desde que me volví "religiosa" como el común denominador lo llama, no puedo negar cuanto ha cambiado mi forma de concebir el mundo y por lo tanto de enfrentarlo, manejarlo y manejarme en él. Y es que Él me alienta a no dejar fuera de mi panorama las promesas que están en la senda que juntos caminamos. Es así, que convencida de que él confía en mí, voy andando. Sabiendo lo que es real, sin querer volver atrás y sabiendo exactamente a dónde dirigirme, voy andando. Cansada, a veces, voy andando. En sus brazos, generalmente, voy andando. Camino gracias a su voz, es la cuerda que impulsa mis pasos. Sí, por más incierto que parezca, puedo afirmar que oí su voz. Su dulce voz me dijo ¡levántate! Sus palabras describieron lo que tiene preparado para mí: vida y vida en abundancia. Como dice el best sellers de todos los tiempos, adornado con tanta riqueza de desarrollo humanista, historias apasionantemente mágicas, protagonistas de la historia. Todos los días me susurra al oído palabras de ánimo, a pesar del desánimo que de pronto amenaza atrapar mi caminar. Entonces, casi instantáneamente recuerdo cuando vivía a la orilla de sus aguas ignorando la profundidad, de su amor, de su compañía, de su consejo. Cuantas victorias, de su mano. ¡Qué recuerdos! ¡Qué vivencias! Definitivamente es inevitable alzar los ojos al cielo agradeciendo alegremente lo que me da. Ese es mi gran secreto. Mi fuerza es mi credo en algo que concibo real. Quién podría contarle a psicología, convencer a la filosofía del poder que Él tiene en mi diario caminar. Quien tratar con la ciencia sus asuntos y traducirle tanto milagro.Yo misma me he visto desafiando grandes diálogos con estos gigantes enfrentando mis certezas sin hallar fuente mejor de vida, de coherencia y de poder. Y aunque quiera reconstruir mis convicciones, ¡qué se le va hacer a esta terca silueta!
Con todo el estrés que implica este tiempo de trabajo y estudio a tiempo completo en mi vida -por primera vez en mi existencia de relajada estudiante sin más responsabilidad- una de las cosas que más amo es disfrutar mi “tiempo libre” junto a mi amado: estando en su presencia, meditando acerca de mi pasado, presente y futuro… en la paz de su presencia, alzando los ojos tan lejos como pueda ver. Descansando en el conocimiento de tanta fidelidad. Y es que desde que me volví "religiosa" como el común denominador lo llama, no puedo negar cuanto ha cambiado mi forma de concebir el mundo y por lo tanto de enfrentarlo, manejarlo y manejarme en él. Y es que Él me alienta a no dejar fuera de mi panorama las promesas que están en la senda que juntos caminamos. Es así, que convencida de que él confía en mí, voy andando. Sabiendo lo que es real, sin querer volver atrás y sabiendo exactamente a dónde dirigirme, voy andando. Cansada, a veces, voy andando. En sus brazos, generalmente, voy andando. Camino gracias a su voz, es la cuerda que impulsa mis pasos. Sí, por más incierto que parezca, puedo afirmar que oí su voz. Su dulce voz me dijo ¡levántate! Sus palabras describieron lo que tiene preparado para mí: vida y vida en abundancia. Como dice el best sellers de todos los tiempos, adornado con tanta riqueza de desarrollo humanista, historias apasionantemente mágicas, protagonistas de la historia. Todos los días me susurra al oído palabras de ánimo, a pesar del desánimo que de pronto amenaza atrapar mi caminar. Entonces, casi instantáneamente recuerdo cuando vivía a la orilla de sus aguas ignorando la profundidad, de su amor, de su compañía, de su consejo. Cuantas victorias, de su mano. ¡Qué recuerdos! ¡Qué vivencias! Definitivamente es inevitable alzar los ojos al cielo agradeciendo alegremente lo que me da. Ese es mi gran secreto. Mi fuerza es mi credo en algo que concibo real. Quién podría contarle a psicología, convencer a la filosofía del poder que Él tiene en mi diario caminar. Quien tratar con la ciencia sus asuntos y traducirle tanto milagro.Yo misma me he visto desafiando grandes diálogos con estos gigantes enfrentando mis certezas sin hallar fuente mejor de vida, de coherencia y de poder. Y aunque quiera reconstruir mis convicciones, ¡qué se le va hacer a esta terca silueta!

