Lo que siento, lo que pienso, lo que sueño, lo que odio, lo otro, lo mío, lo nuestro. Bienvenidos todos los paceños, bolivianos, bloggeros y visitantes de este blog.

domingo, 17 de octubre de 2010

Voltar ao primeiro amor (Volver al primer amor)

El otro día estuve leyendo un blog en el cual el autor y los seguidores contaban -como quien no puede callar la triste verdad- que a medida que uno va envejeciendo (o madurando, como quieran) las experiencias de la vida mutilan nuestra capacidad de amar libremente y sin temor, y por lo tanto de escribir "cursis" y "romanticonas" creaciones. Felizmente, hasta el día de hoy, a pesar de todas las amargas experiencias que tuvo mi corazón entre "amores" y lárgimas, puedo afirmar con certeza que no he perdido la capacidad de escribir "cursilerías", por lo menos en mis "días buenos" que claro, son pocos. Y espero no perder esa capacidad jamás. He aquí una pequeña muestra dirigida a quien anhelo aprender a amar:



¿Dónde estás amado?
Ya no te aprecio en los nevados
De nuestra linda Chuquiago

Miro el cielo y está nublado
Procuro respirar el aire que me has dado
Pero ¿cómo?
Si no te siento ni en el prado

Alzo los ojos por socorro
Y luego de tu silencio como niña corro
A los pies del illimani
Y ni siquiera te encuentro allí

Entonces decido a dónde ir
Un nuevo rumbo voy a seguir
Aún más lejos de ti

A los brazos de otro
De alguien más
Que simule darme paz
Que cubra el eco de tu voz
Y me haga sentir que somos dos

Tal vez me esconda en los matorrales
O desperdicie el tiempo en redes sociales
Me emborrache con un buen vino de los parrales
Sin importarme si quiera las implicaciones morales

He vivido en el engaño
Conforme con recuerdos de antaño
Hoy ya no puedo enmendar el daño
Por eso con clamores te llamo

Ven
Acaríciame como antes
Enséñame que soy tu amante

Lléname el alma de pasión por ti
Como cuando iba por ti hasta Irpavi
Quiero saber que no mentí
Cuando anhele entregarme así

¿Acaso puedo sentir tu gozo?
No el que viene con los tiempos exitosos
¿O puedo oír tu expresión?
No la voz de mi frágil emoción
¿Puedo gritar que te amo?
¿Y confiar en mi grito vano?

Quiere tu ausencia que resista el rigor de invierno
Pero necesito a mi amigo tierno
No es solo un llamado es mi clamor eterno


(PD: tenía 21 cuando escribí esto)

viernes, 8 de octubre de 2010

Hoy no es tu día, pero al fin y al cabo soy como quien canta en invierno y lleva su pesado abrigo cuando sale el sol. Tú me enseñaste eso. ¿Sabes? Ayer pensé en ti. No pasaron más de diez minutos -luego de haber dejado de verte- sin que haya podido notar tu figura en mi imaginación, en mi inconsciente colectivo, en mi inconsciente personal. En el trufi camino a casa escuchaba el eco de tu voz a pesar del “Procura” de Chichi Peralta que traspasaba mis i-phones. Intrusa. Es inevitable que ocupes mi mente, que la inspires y la colmes con delicias e ingratitudes. ¿Cómo no pensar en ti en las trancaderas de la 6 de Agosto, 20 de Octubre, Mariscal Santa Cruz… etc? ¿Cómo ignorarte mientras exploro tus curvas, tus subidas, tus bajadas, tus inconsistentes puentes trillizos? Has hecho sitio en mis venas. Tienes tú cien mil rostros. Rostros discordes. Rostros que enseñan. Me he vuelto tu aprendiz. Entre tus bellas montañas he conocido la derrota, y el amargo sabor del éxito. La frustración, el alivio, la ira, el llanto, la euforia. Como imilla coqueta, pacientemente, me has enseñado a diferenciar el enamoramiento del amor, la pasión de la fuerza, abrazándome en tus calles. Y a pesar de que te siento a cada instante, aún no logro entenderte. Insisto. Tus rostros son variados y complejos. Años luz podría escribir acerca de ti y de lo que has hecho en mí con tus mil y un facetas que nada tienen que envidiar al espectro visible. Tus semblantes que utópicamente anhelan una identidad común -capaz de entretejernos a todos: llorones, coimeros, viudos, gordos, ciegos, sabios, médicos, ladrones, altos, vendedores, fuertes, borrachos, come marraquetas, sobrios, casados, santos, presteros, ingenieros, infieles, cocaleros, burócratas, flojos, flacos, frágiles, ociosos, danzarines, minibuseros, karaokeros, marcheros ... ¡collas!- han engendrado una parte de mí. Te amo. Aunque has robado instantes preciosos de mi vida. Te amo, lo digo por primera vez. Con tus calles sucias, repletas de multitudes y tus laderas deshieladas. Te amo. No se lo he dicho a nadie, nunca antes. No me atrevía a pronunciar las palabras, pero me has importunado y no me queda más que confesarlo. Aunque quisiera confesar también que me muero por apagar por tus letreros luminosos y quitarte de encima las publicidades con las cuales te han cargado (aunque sea por un instante), despojarte de tus marchistas y trancaderas, de tus vendedores ambulantes, de tus hediondas calles, de tus edificios quitasoles, de tus ruidosos boliches nocturnos, de tus insulsas gentes que hacen insulsas leyes, de tus perros callejeros y rabiosos. Quisiera plantar hojas de coca en tus sitios aledaños que inspiren diligencia, sazonar tus fricasés con picante que contrarreste la envidia y mezclar el mosto del que hacen tus chelas con granos crudos que inciten a la anti-corrupción. Pero entonces, Chuquiago, tú ya no serías tú y amarte sería sencillo.