El otro día estuve leyendo un blog en el cual el autor y los seguidores contaban -como quien no puede callar la triste verdad- que a medida que uno va envejeciendo (o madurando, como quieran) las experiencias de la vida mutilan nuestra capacidad de amar libremente y sin temor, y por lo tanto de escribir "cursis" y "romanticonas" creaciones. Felizmente, hasta el día de hoy, a pesar de todas las amargas experiencias que tuvo mi corazón entre "amores" y lárgimas, puedo afirmar con certeza que no he perdido la capacidad de escribir "cursilerías", por lo menos en mis "días buenos" que claro, son pocos. Y espero no perder esa capacidad jamás. He aquí una pequeña muestra dirigida a quien anhelo aprender a amar:
¿Dónde estás amado?
Ya no te aprecio en los nevados
De nuestra linda Chuquiago
Miro el cielo y está nublado
Procuro respirar el aire que me has dado
Pero ¿cómo?
Si no te siento ni en el prado
Alzo los ojos por socorro
Y luego de tu silencio como niña corro
A los pies del illimani
Y ni siquiera te encuentro allí
Entonces decido a dónde ir
Un nuevo rumbo voy a seguir
Aún más lejos de ti
A los brazos de otro
De alguien más
Que simule darme paz
Que cubra el eco de tu voz
Y me haga sentir que somos dos
Tal vez me esconda en los matorrales
O desperdicie el tiempo en redes sociales
Me emborrache con un buen vino de los parrales
Sin importarme si quiera las implicaciones morales
He vivido en el engaño
Conforme con recuerdos de antaño
Hoy ya no puedo enmendar el daño
Por eso con clamores te llamo
Ven
Acaríciame como antes
Enséñame que soy tu amante
Lléname el alma de pasión por ti
Como cuando iba por ti hasta Irpavi
Quiero saber que no mentí
Cuando anhele entregarme así
¿Acaso puedo sentir tu gozo?
No el que viene con los tiempos exitosos
¿O puedo oír tu expresión?
No la voz de mi frágil emoción
¿Puedo gritar que te amo?
¿Y confiar en mi grito vano?
Quiere tu ausencia que resista el rigor de invierno
Pero necesito a mi amigo tierno
No es solo un llamado es mi clamor eterno
(PD: tenía 21 cuando escribí esto)

