Lo que siento, lo que pienso, lo que sueño, lo que odio, lo otro, lo mío, lo nuestro. Bienvenidos todos los paceños, bolivianos, bloggeros y visitantes de este blog.

lunes, 19 de diciembre de 2011

bla bla/Mil intentos y un acorde, más que una canción

Cuantas veces los maté
Aay! boca, la mía
Vuelto al crimen,
aconteció de nuevo

Hoy acabo de entender
palabras aquellas homicidas,
no más dulces que la miel.

Necias, paridas en el alma,
en el virus de mi verdad,
sin cambiar de perspectiva,

frutos
varios
palabras
filas

Revelación,
tan he sido,
sincericida!!




(Mil intentos y un acorde, más que una canción)


Qué sí impugnarán mil veces,
y embriagarán de dolor,
heridas de la ingratitud.

Qué sí tendrá parte la zozobra,
fieles, heridas, fieles,
mejores que los besos del traidor.

Qué sí las tormentas
sortearán los montes,
limando hierro y acero

Qué si huracanes devastarán,
pues llevando a su paso hojas muertas,
darán acaso vida al corazón

jueves, 15 de diciembre de 2011

Jarmour

Es el reloj y pasan las horas. La hierba de campo empieza a verdear. Lo busco y a la vez lo espero. Nutrientes en la tierra engendran acaso violetas, lirios y clavelinas. Lo pinto, lo creo, lo anhelo. Varios han pasado así cómo se han ido. Con dolor. La luz de la aurora resplandece. Con la certeza de la fidelidad del otro. Un gran sí, implica muchos nos. Mi gran sí será carácter. Margaritas. Fuerza de espíritu en el caos. Ilusiones. No la modernidad. Rosas. Firmeza y certeza en la relatividad. Orquídeas. Principios inmovibles en la globalización. Jazmines. Depósitos multimillonarios de confianza. Manzanos. No la subliminalidad de Hollywood. Cerezos. Un gane-gane. Lilas. Respeto eterno. Almendros. Eterno amor. Porque aunque bien y mal acontecen a todos y las mismas cosas al que actuó sabiamente y al que no, la honra es a los que merecen la honra, la paz a los que por gracia siembran propósito y los sueños hechos realidad a los que en ágape perseveran.  El día es perfecto.

miércoles, 7 de diciembre de 2011

Un solo colla

En el alto cielo de la cuidad de La Paz se ha formado un conjunto de notas que danzan en el aire. Letras varias vienen y van, un grupo de enunciados, juicios, versos y poemas. Han nacido de la nada, del vacío de un andar y se han hecho realidad. Cuan apetecibles son sus narrativas. Entre el Illimani y el Huayna Potosí acaso pueden ocultar lo esencial. Lenguaje puro. Pura vida. Entre las nubes han hecho cabida. Están allí. No se sabe de dónde han venido ni a donde van. Amigas del viento. Entre parajes bajos y elevados se disponen a un devenir eterno, constante, permitiendo erigir consistencia de preposiciones en sistemas varios. Las fieles servidoras incitan a crear. Palabras, frases y versos. Se enfrentan a la tensión de la contradicción, al engaño del sufrimiento y al rigor de la verdad.  Nadando en el cielo infinito en su independencia varadas están. En manos de collas arquitectos su fin último es generar. Pero por sobre todo transformar. Lenguaje puro. Pura vida.

Si a 3.650 metros de altura sobre el nivel del mar el hilo mágico del lenguaje, en todo sus dominio y sin verse afectado por el mal de altura, permite aún crear oportunidades, acciones, identidades y futuros,  ¿puede acaso dicho lenguaje engendrar un individuo cuyo andar y accionar de a luz un ideal común paceño? Un ideal común paceño en cualquier contexto. Un contexto académico, por ejemplo, un colegio, una escuela paceña, ¿es esto posible? ¿Es posible que en una unidad educativa tradicional, un individuo, un colla, un solo colla, tan solo uno, llámese docente y cuya forma de vida, cuyo accionar en el aula -acorde con el ideal educativo paceño de formar individuos sabios, respetuosos, responsables y útiles a las futuras generaciones- sea capaz de crear las condiciones necesarias, un espacio abierto para que el pensar, el descubrir, el recrear y el inventar sea espontáneo y natural a cada uno de los individuos que familiarizados con los contenidos desprendidos naturalmente de este proceso permita entusiasmar a sus estudiantes, dando a luz día tras día un aprendizaje transformacional? En caso de esto no haber ocurrido ya, ¿puede el lenguaje, como elemento esencial de la transformación del aprendizaje, ser tan poderoso como para en su rol activo generar observadores que vivencien el aprendizaje?

Si acaso esto fuera posible con tan solo un individuo, entonces rompería el lenguaje la inercia que lo mantiene latente documentando el desastre del aburrimiento académico, la crisis educativa, que ha luchado y lucha aún por quebrar la brecha paceña –aunque no típicamente paceña- entre estudiantes engendrados en la era del lenguaje electrónico, docentes de antaño y currículas pre-históricas. Y no solo esto sino que además podría constituirse en guía para la acción, un viaje hacia un nuevo tipo de identidad académica que se recree cada instante, una condición para modificar el sistema social de la escuela en la ínclita paceña.