En el alto cielo de la cuidad de La Paz se ha formado un conjunto de notas que danzan en el aire. Letras varias vienen y van, un grupo de enunciados, juicios, versos y poemas. Han nacido de la nada, del vacío de un andar y se han hecho realidad. Cuan apetecibles son sus narrativas. Entre el Illimani y el Huayna Potosí acaso pueden ocultar lo esencial. Lenguaje puro. Pura vida. Entre las nubes han hecho cabida. Están allí. No se sabe de dónde han venido ni a donde van. Amigas del viento. Entre parajes bajos y elevados se disponen a un devenir eterno, constante, permitiendo erigir consistencia de preposiciones en sistemas varios. Las fieles servidoras incitan a crear. Palabras, frases y versos. Se enfrentan a la tensión de la contradicción, al engaño del sufrimiento y al rigor de la verdad. Nadando en el cielo infinito en su independencia varadas están. En manos de collas arquitectos su fin último es generar. Pero por sobre todo transformar. Lenguaje puro. Pura vida.
Si a 3.650 metros de altura sobre el nivel del mar el hilo mágico del lenguaje, en todo sus dominio y sin verse afectado por el mal de altura, permite aún crear oportunidades, acciones, identidades y futuros, ¿puede acaso dicho lenguaje engendrar un individuo cuyo andar y accionar de a luz un ideal común paceño? Un ideal común paceño en cualquier contexto. Un contexto académico, por ejemplo, un colegio, una escuela paceña, ¿es esto posible? ¿Es posible que en una unidad educativa tradicional, un individuo, un colla, un solo colla, tan solo uno, llámese docente y cuya forma de vida, cuyo accionar en el aula -acorde con el ideal educativo paceño de formar individuos sabios, respetuosos, responsables y útiles a las futuras generaciones- sea capaz de crear las condiciones necesarias, un espacio abierto para que el pensar, el descubrir, el recrear y el inventar sea espontáneo y natural a cada uno de los individuos que familiarizados con los contenidos desprendidos naturalmente de este proceso permita entusiasmar a sus estudiantes, dando a luz día tras día un aprendizaje transformacional? En caso de esto no haber ocurrido ya, ¿puede el lenguaje, como elemento esencial de la transformación del aprendizaje, ser tan poderoso como para en su rol activo generar observadores que vivencien el aprendizaje?
Si acaso esto fuera posible con tan solo un individuo, entonces rompería el lenguaje la inercia que lo mantiene latente documentando el desastre del aburrimiento académico, la crisis educativa, que ha luchado y lucha aún por quebrar la brecha paceña –aunque no típicamente paceña- entre estudiantes engendrados en la era del lenguaje electrónico, docentes de antaño y currículas pre-históricas. Y no solo esto sino que además podría constituirse en guía para la acción, un viaje hacia un nuevo tipo de identidad académica que se recree cada instante, una condición para modificar el sistema social de la escuela en la ínclita paceña.