Lo que siento, lo que pienso, lo que sueño, lo que odio, lo otro, lo mío, lo nuestro. Bienvenidos todos los paceños, bolivianos, bloggeros y visitantes de este blog.

miércoles, 22 de septiembre de 2010

No morí en el intento

Gigante, Insípida, Árida, 
Vacía, Ingrata...



Los muros caen, los muros caen
  Y con ellos las cadenas
  los muros caen, los muros caen
  Se derrumban fortalezas


Querido Diego:


¿Cómo estás? Tus días lejos de casa son horribles, lo sé. Y no recibo noticias tuyas hace casi tres meses. Estoy angustiada. Por eso, y por otras cosas. Pero principalmente por tí. Cuanto aborrezco Santa Martha Acatitla. Y tal lejos, pero sabes, estoy ahorrando para ir a visitarte. Hay, ¿qué comerás? Seguro que la comida no es suficiente, y ¿el agua? Acaso, logras saciar tu sed. Responde mis cartas, que estoy desesperada. Qué, ¿acaso me he vuelto loca?

Mis días se han tornado bastante inciertos ¿sabes? ¿Cómo serán los tuyos?, más dramáticos y agresivos sin duda. He comprobado que las cartas que te vengo escribiendo nunca llegaron a la cárcel. Y que angustia, seguramente, tampoco podrás leer esta carta, pero de todos modos la escribo con el vago ensueño de que la leas, wey.

Mucho hace que no te veo, y algo o alguien, como quieras, con lo que he estado batallando todos los días es esta enemiga, pues. ¡La Sole, chavo! Mucho ya la conozco. Nos vemos todos los días, y no es sencillo. Yo no disfruto su presencia ni su compañía, pero no conozco otras presencias ni otras compañías que sean capaces de permanecer a mi lado. Cuando la miro desde lejos acercarse a mí, un temor indescriptible abraza mi condición humana. Y entonces me redescubro temerosa, inmadura e impotente. Pues desde que te fuiste he vivido así por causa de ella; como una niña precoz que vive una pesadilla. Apenas escucho sus pasos me analizo ¿Cuánto me afectará su presencia esta vez? ¿Podrá cavarme de nuevo la vida hasta llegar al tuétano? ¿O resultará esta vez hacerle el hielo e ignorarla? Diego, anhelo reconstruirme, llenar el vacío de mis días, justificarme, pero no puedo. Pues ya conozco los gustos y facetas de Sole, su sutileza, sus máscaras. Sus virtudes, sus consejos. Su irónica compañía. Ella me agarra la mano. Como amigas de kínder caminamos. Aunque la odio he aprendido “¡No me acaricies!” le digo con voz suave. Pero mi voz es demasiado suave, ella insiste como quien sabe lo que quiere. Entonces. No me queda más, me rindo. Me ha vuelto a hacer daño. Grito. Grito fuerte. ¡Diego! ¡Grito! Grito en silencio. 


Los del barrio me dicen que su visita es transitoria, que tenga paciencia, que pronto me dejará en paz. Me dicen que pronto estarás aquí, a mi lado. Pero como creer esas palabras. Milagro. Quizás un milagro podrá librarme. Pero, ¿Acaso creo en los milagros? La que era antes creía en los milagros, hace algún tiempo. Cuando estabas aquí, cuando sanaste. Pero hoy aquella es extraña. Y batallo con la nueva, con la que poco cree en los milagros. Hay Diego y ni siquiera sé dónde estás tú.


Lo siento, Diego, no sé qué será de nosotros. Pues vuelve pronto, que yo aquí me desbarato.



(  Bonjour día de nosequé
¿Qué traes entre tus manos esta vez?
Seguramente será pues
La incertidumbre en mi sentir
Que amenaza con hacerme sufrir
Ese algo  del corazón
Que no responde a la razón
O que solo refleja mi situación

Brebaje de alquimista, amalgama de sentires,
Mezcla  multiforme, que me hace desconforme
Tienes silueta de soledad, ojos de encierro
Rostro de orfandad, labios de destierro,
Actitud de hierro
No me atormentes más.)


Tu Lianna

Querido Diego:


¿Cómo estás? Ha pasado casi un año y más, la condena está a punto de cumplirse. Y no sabes que te espero ansiosamente. Falta poco, ¿verdad? ¡Muy poco! Chaavo, no tengo noticias tuyas, pero sé que sigues allá. Responde mis cartas, pues. Que yo sé que las has recibido y que las lees. Pero no te da la gana. Es grande el vacío que has dejado en mi vida, en mi corazón. ¿Estarás sano, Diego?

Hemos estado rodeados de malas noticias, pero a pesar de eso ¿Diego? ¡Diego! ¡Algo pasó! Con Sole. Cuando regreses te contaré más al respecto. Ya falta poco, muy poco, verás pues.

Te había hablado ya de mis luchas extremas con ella. Día tras día. Y ella haciéndome daño, ¿pues te acuerdas? Y yo sola, en mis propias fuerzas. Y así transcurrió mi vida por muchos meses, hasta que estuve en el último round, en el definitivo. O ella lograría exterminarme y convencerme de que renuncie a la vida, o yo podría en victoria echarla fuera del resto de mis días.  Luego de permanecer unos segundos tendida en el cuadrilátero a causa de haber golpeado al vacío y a las esquinas del cuadrilátero y haber recibido un golpe fuerte, como por instinto y pude ver que alguien me ayudaba. No , no eras, tú, era el de los milagros, ¿recuerdas? fiel, firme y poderosa al fin golpeé a Sole con una fuerza desmesurada, como de quien empieza la pelea. Y Diego, ya no está ella más aquí. Ha sido la mano suya, la mano del de los milagros, no hay otra explicación. Pero ¡Diego! “si … yo no creo en los milagros”.

Seguro no entiendas esta carta, pero ya te estaré contando cuando regreses. Y te espero, te espero con ansias en el corazón.


Tu Líanna