Lo que siento, lo que pienso, lo que sueño, lo que odio, lo otro, lo mío, lo nuestro. Bienvenidos todos los paceños, bolivianos, bloggeros y visitantes de este blog.

domingo, 25 de julio de 2010

Tastes better




Pedro, hombre moreno, ojos negros, porte de tenista, 30 años 0 hijos y 90 kilos, carácter fuerte, luego de haber tenido una mañana ajetreada y de haber disputado con Ana, está en la disyuntiva de qué irá a almorzar el día de hoy. En medio de su ruta diaria del trabajo a casa tiene muchas opciones y entre ellas una interesante. Habita solo y disfruta la plena libertad de que nadie mande en sus decisiones. O degusta aquello que tenía antojado desde hacia tanto tanto tiempo, lo que le había prohibido el médico, unas hamburguesas calentitas recién preparadas en el restaurante de comida rápida, el Burger King de la Ballivián, o conscientemente decide comer algo más nutritivo y con menos grasa, un plato de lentejas o una sopa de pescado, en la casa de nonita -su tía-. Su jornada laboral de mitad de la mañana no ha sido la mejor de todas, y por si fuera poco había fracasado en su intento por cerrar aquella venta que hace tanto prometería engordar su billetera. Ninguno de estos platos con sazón familiar le atraen en absoluto. Está a punto de inclinarse por las papas agrandadas y la abundante mayonesa que le pondrá a su Chukuta –en oferta solo por este mes. Sin embargo, a medida que va ingresando al parqueo del Burguer, ocurrentemente observa en su imaginación la radiografía de su cuerpo una vez ingerida la deliciosa Chukuta. Se ríe de si mismo. Cuanto disfruta ver esa imagen gorda tirada sobre el sofá que observa descaradamente la televisión. -Viejo irresponsable, se susurra a sí mismo. Entonces, da media vuelta y se dirige a casa de nonita, para el almuerzo.


En mi caso (habla Beatrice), y no soy de otro planeta, de vez en cuando me veo obligada a comer la hamburguesa. Esa olorosa chatarra que hace explotar mi rostro de mochos. Ese conjunto de instantes pequeños a los cuales la gente llamamos vida, me alimenta de todo un poco, hamburguesas, lentejas, mariscos, y restos de watia. !Quien no lo sabe!, la vida está llena de ratos gordos y cavas flacas. Y esta, una de las chatarras de Doria Medina, atractiva, adictiva, me hizo sentir de nuevo. Tanto que en un punto se torna casi imprescindible, para sobrevivir. Momentos intensamente alegres. Unas buenas notas en la universidad, la noticia de la sanidad del cáncer de Dani, algunas de las vanas señales de amor que parece prometer un compromiso en el tiempo. Por eso y por mucho más adoro la vida. Al día cambia el menú, y a embutirse las lentejas insípidas, casi incomibles, insoportables. Para sobrevivir.

Pedro, el ñoño de Pedro,quiere sacarse las lentejas de la boca inmediatamente después de meterse el primer bocado, y recuerda el gran valor nutritivo de las lentejas que la nutricionista le había enseñado dos semanas atrás: hidratos de carbono,  proteínas vegetales de alto valor biológico, bajo contenido en lípidos, vitaminas B1, B3 y B6 y demás vainas. Traga Pedro, traga. Las lentejas son el fracaso. Traga Pedro y convida. Dame de tus lentejas. Quiero amar lo que hacen en mí, ingredientes eficientes y eficaces de mi cotidianeidad. Así fracasada, atragantaré en mi garganta su sinsabor.